Acerca de la piel
Espectaculares ilustraciones, con un marcado estilo sesentero, de Michael Gillete para una futura edición de Penguin UK, aprovechando el centenario del nacimiento de Ian Fleming, de las novelas de James Bond.

Espectaculares ilustraciones, con un marcado estilo sesentero, de Michael Gillete para una futura edición de Penguin UK, aprovechando el centenario del nacimiento de Ian Fleming, de las novelas de James Bond.

Ayer, para volver a poner esto en marcha después de un tiempo, tiré (como suele ser costumbre) de imágenes y textos ajenos.
Uno de los fragmentos copiados provenía de “Locuras sin fundamento” de Andrés Trapiello. Luego, ya por mero gusto, seguí hojeándolo y encontré este otro párrafo que viene como anillo al dedo:
Cuando no sepas qué escribir, cuando te llegue uno de esos días tristes, toma el libro de otro y copia. Escribe de nuevo Don Quijote o À la recherche, sin cambiar una coma, o aquello que en ese momento te dicte tu gusto o tu tristeza. Siempre habrá alguien que lo lea en tí por vez primera.
Me fuerzo a escribir hoy aquí, que ya pasan casi dos semanas desde la última vez; para facilitar la tarea, tiro de agenda.
En esta aparece marcada la inaguración, mañana, del 26 Saló del Comic de Barcelona, además leía aquí acerca de la publicación del decimoquinto tomo del “Salón de los pasos perdidos” de Trapiello. Sumando ambos, en total, 41 salones que bien valen una anotación.
El Saló (al que no iré este año; aunque siempre tengo ganas, luego me supone una decepción) es un tema agradecido; se pone una ilustración de un autor admirado, y el post queda bonito.
Aprovechando que viene Giardino, uno de los muy grandes, y que se publica estos días el tercer volumen de su “No pasarán”, optaré por su elegancia, tanto en el trazo como en la escritura, y será suya la ilustración, así como un texto sacado de un díalogo de su “Rapsodia Húngara”.

- No se deje engañar por su aire seguro, tranquilizador. En realidad es frío como un pez. Como un témpano si prefiere la retórica.
- ¡¡Oh, no!! ¡No es así, estoy segura!
- ¡Santo cielo! ¿Se ha enamorado?
- ¿De Max? ¿Bromea?
- Pero … sí que es grave. ¿Tanto le gusta?
Siguiendo con las citas, esta última obra (al menos en la edición que yo tengo) se abre con la siguiente, también digna de ser copiada:
El peligro formaba parte de él. No al modo de un abrigo del que uno se desembaraza de vez en cuando, sino como la piel. Se muere con ella.
Y, para terminar esta anotación (casi se podría decir que un ejemplo de escritura automática), retorno al principio, a lo prometido, al “Salón de los pasos perdidos” y pego este fragmento del segundo de los tomos, el cual me permitirá un cierre geográficamente circular:
Hacía diez años que no venía a Barcelona. Camino del hotel, desde la estación, somnoliento todavía a causa de una mala noche de coche cama, miraba por la ventanilla del taxi las casas, la gente, las tiendas, que estaban en ese momento todavía cerradas la mayoría.
“¿Me gustará la ciudad?”, me preguntaba con cierta inquietud. Yo esa inquietud no la entendía bien, porque si Barcelona no me gustaba, ¿perdía algo acaso? Hay otros muchos pueblos que me gustan. La inquietud debía provenir, digo yo, de que es siempre más fácil vivir positivamente la vida, que no al contrario. Dices: Me gusta Londres, y a nadie le extraña eso. Como sostengas que no te gusta Londres, debes estar dispuesto a soportar toda la vida voces predicadoras que tratarán de restituirte al rebaño.
Enlace permanente Comentarios (2)
Volví a dibujar otra vez, esta vez no para mí, sino para ella: elefantes, soles, muchos soles, enanitos, brujas (a María le encantan las brujas y las reinas malvadas de las pelis de dibujos animados), y yo me alegraba de verla fascinada por el trazo del rotulador, que subía y bajaba por el papel, contento de que mis dibujos hicieran sonreir a María.
Lo anterior lo escribe el ilustrador y dibujante Miguel A. Gallardo.
María es su hija, autista.
Y el dibujo, además de su forma de ganarse la vida como ilustrador profesional, se ha convertido en una importante herramienta de comunicación con su hija, ayudando a superar las limitaciones de aprendizaje de esta.
“María y yo”, además del título del artículo de donde he extractado las anteriores líneas, es el libro que ha dibujado Gallardo contando la relación con su hija. Tierno y divertido, pero alejado de la sensiblería: muy recomendable.
He copiado este fragmento, en el que se hace referencia a como María mira embelesada el movimiento del rotulador del que termina surgiendo un dibujo, porque ayer a quien Gallardo hizo felíz fue a mí, pues fuí testigo de cómo bajo el trazo aparecía una ilustración/dedicatoria.

El libro en que, ya para siempre, se encuentra el anterior dibujo es “Un largo silencio”, en que Gallardo publica los diarios de su padre, represaliado trás la Guerra Cívil, acompañándolos de ilustraciones propias y algunas páginas de historieta.
Mi padre es un héroe. No de esos que salen en las películas, ni un héroe de esas novelas baratas que él guardaba en el segundo cajón de su mesa en la oficina. Su hazaña ha sido sobrevivir, sobrevivir para enamorarse de mi madre, para que yo y mi hermano estemos aquí, sobrevivir para hacer amigos, para leer, para reír… Para todo ello mi padre se tuvo que convertir en una sombra durante mucho tiempo y las sombras no tienen voz. Ahora yo le presto una voz pequeña, que es la suya. Mi padre estuvo 40 años callado como una tumba, intentando no decir una palabra más alta que la otra. Todos estos años yo creí que se escondía de la vida. Cuando al final abrió la boca, fue para repetir una y otra vez la misma historia. Una historia que, a fuerza de oír, se me ha quedado grabada y que me ha descubierto al hombre detrás de la sombra.
Esta es la historia que me contó mi padre una y otra vez, hecha de trozos y retales, de piezas que no encajan, pero que yo sé que es cierta, y así voy a intentar contarla, dándole a mi padre una voz. Una voz que cuenta una parte de la historia cada vez más olvidada, pero que los que la vivieron no la olvidarán jamás. Mi padre fue uno de ellos y este libro está dedicado a él, para devolverle el regalo que me hizo enseñándome su vida y la dignidad y honradez que esconde.
Cuando llegó mi turno en la sesión de firmas y le entregué mi copia de “Un largo silencio”, creo que le hizo cierta ilusión encontrarse con dicho volumen; un librito, de evidente valor sentimental para Gallardo, primorosamente editado, que se publicó hace unos diez años y que pasó bastante despercibido (hace poco hubo una segunda edición).
Lo anterior fue el colofón de una charla que dió Garllardo en Murcia, en la Biblioteca Regional. Y debo decir (aunque esto parece un panegírico, pero es que fue así, disfruté como un enano) que la charla también me pareció fantástica.
Ya, para terminar, y para quien no conozca a Gallardo, unos cuantos enlaces:
Enlace permanente Comentarios (1)
¡Cuántas cosas por hacer! ¡Qué corto el tiempo para hacerlas! El hambre de saber es tan capaz de apremiarnos como cualquier otro afán, si no se domina. Con frecuencia me detengo en medio de la biblioteca y pienso con desesperación en la imposibilidad de llegar a poseer toda la riqueza de hechos e ideas que contienen los libros que me rodean por todas partes. Saco un volumen de su sitio y me siento como si hiciera poco más que cavar con un pico en una enorme cantera. El bedel se pasa los lías en la biblioteca vigilando estrictamente esta catacumba de libros, paseando entre estantes y, sin embargo, no presta atención a los susurros casi audibles de deseo, el deseo de cada libro de que lo tomen y lo lean, de vivir, de nacer en el cerebro de alguien. Incluso entrega los volúmenes sobre el mostrador, los busca en su sitio o los devuelve sin pensar ni una sola vez que un libro es una persona y no una cosa. Me estremezco al pensar que acarrea los Ensayos de Lamb como si fueran fardos.
W.N.P. Barbellion, cuyo verdadero nombre era Bruce Frederick Cummings, fue un modesto naturalista (ya que, debido a las circunstancias familiares, tuvo una limitada formación académica) y que, aquejado de una penosa esclerórsis múltiple, murió con apenas 30 años. Su lugar en la historia viene dado por la publicación de sus diarios (que comienzan a los trece años, como un cuaderno de notas de historia natural).
La entrada que he copiado es la correspondiente al 3 de octubre de 1907, cuando Barbellion contaba dieciocho años.
En este caso no me puedo ni atribuir el mérito de la selección: dicho fragmento ya estaba resaltado por un lector anterior a mí (el volumen proviene de una biblioteca pública). Es más, ni siquiera lo he tecleado, pues una búsqueda me llevó a alguien que también se me adelantó en esto.
En fin… qué facil me lo ponen.
Más información: entrada en la wikipedia, galería fotográfica, sus diarios en forma de blog y ficha del libro en su edición en castellano (salvo el último de los enlaces, el resto están en inglés).
Enlace permanente Comentarios (2)
Entrevistador: ¿Qué le sorprende en la vida?
Nabokov: …la maravilla de la conciencia… esa ventana que se abre de pronto a un paisaje bañado por el sol en medio de la noche de la inexistencia.
La anterior cita la encuento, como primera página, al hojear “Los años rusos” de Brian Boyd. Sí conocía (y recodaba) una reescritura de la anterior idea, utilizada por Nabokov para dar comienzo a “Habla Memoria”:
La cuna se balancea sobre el abismo, y el sentido común nos dice que nuestra existencia no es más que una breve rendija de luz entre dos eternidades de tinieblas. Aunque ambas son gemelas idénticas, el hombre, por lo general, contempla el abismo prenatal con más calma que aquel otro hacia el que se dirige (a unas cuatro mil quinientas pulsaciones por hora).
Enlace permanente Comentarios (5)

Si hace unos días se hablaba aquí sobre David Pearson y las portadas para la Penguin, es de justicia patria que hoy el turno sea para Daniel Gil y los casi cuatro millares de portadas que realizó, desde 1966, para Alianza Editorial.
Hay multitud de artículos y reseñas biográficas sobre este diseñador fácilmente accesibles mediante una simple consulta en su buscador favorito. Me limito a copiar un par de párrafos, respectivamente, de esta y de esta:
El resultado fue una revolución en las portadas de los libros. Portadas llenas de color, de elementos conceptuales, de collages entre fotografía y gráfica… portadas que atraían y vendían libros. De los 25 años que duró la colaboración entre editorial y diseñador surgió una nueva tendencia en el diseño editorial: la portada como escaparate del libro.
Gil nunca se encasilló en un estilo definido, sino que conjugó con frescura elementos clásicos y modernos, tipografías e imágenes, técnicas. El resultado son portadas ajustadas al libro al que acompañan y representan: Composiciones constructivistas, dadaistas, surrealistas, futuristas, minimalistas… la colección de portadas de Daniel Gil sirven para recorrer todas las tendencias de gráfico del Siglo XX.
[…] La fotografía, sin embargo, será un modo de aplanar los ready-mades que protagonizan muchos de sus diseños. Pequeñas esculturas o ensamblajes de raíces dadaístas, surrealistas o pop, gracias a la fotografía se congelan en una imagen simbólica, en apariencia sencilla que, sin embargo, todos adivinamos compleja. […] a instancias de Jaime Salinas ingresa en Alianza Editorial en calidad de diseñador y para ocuparse -con total libertad- de las cubiertas de sus libros. Allí comienza una aventura editorial, prolongada durante unos veinticinco años y concretada en casi cuatro mil portadas que marcaran una senda de auténtica renovación. Demostrando un talento excepcional, Daniel conseguirá que cada título tenga su propia personalidad sin que se pierda nunca el sello de la editorial. Todo un ejercicio de inteligencia: ser siempre igual y, al mismo tiempo, siempre distinto; ser único y diverso, en una conjunción de fondo y forma, en la que se sintetiza sensibilidad e intelecto y en la que siempre se bordean los límites entre arte y diseño que, por otra parte, este diseñador no percibe en ningún momento.
Hay, por cierto, un libro titulado “Nuestras mejores portadas” que recoge parte del trabajo de Daniel Gil para Alianza.
Enlace permanente Comentarios (1)

David Pearson es un diseñador londinense especializado, sobre todo, en el diseño de libros, autor de las tres cubiertas reproducidas arriba.
En su sitio web (enlace, una vez más, vía efímera) se pueden encontrar innumerables muestras de su trabajo (la mayoría para la editorial británica Penguin).
Si bien, miradas de forma individual, sus portadas son fantásticas, es en el diseño de las series de libros donde podemos apreciar su obra en todo su esplendor (¡vivan las frases hechas, por el esfuerzo intelectual que nos ahorran!).
Nota I: hay, al menos que yo conozca, dos (meta)libros de Penguin dedicados a las portadas de esta editorial, “Seven hundred penguins” y “Penguin by design”.
Nota II: si practicamente todo lo anterior está dedicado a glosar las bondades del diseño de portadas, la sorpresa salta con esta serie de libros, “My penguin”, en que estas están completamente en blanco con vistas a que sea el lector el que las diseñe y dibuje a su antojo (”We print the words, you do the covers” es el lema).
Enlace permanente Comentarios (1)

Se ha pensado -en ese vivir por fuera que se acostumbra- que el “retrato” es un… género, como se ha pensado que lo es también el “paisaje” y eso otro que suelen llamar “naturaleza muerta”; pero el retrato no es un género, un género especial dentro de la pintura, un apartado suyo, ni siquiera un tema suyo; el retrato es tan sólo un fragmento de esa totalidad que viene a ser la naturaleza real viva; una naturaleza que no podemos abarcar de una vez y afrontaremos por lo tanto poco a poco, trozo a trozo, sin que por esto ella deje de ser única, sola, indivisible.
Alguién me dijo una vez que no le cuadraba mucho, teniendo en cuenta el resto de mis gustos, mi entusiasmo por Ramón Gaya.
La verdad es que puede que tuviera razón, que sea un rara avis comparada con mis otras preferencias, pero la verdad es que disfruto mucho tanto sus pinturas como sus textos (y no sabría decir, si tuviera que elegir, por cuál de estas disciplinas decantarme).
Todo esto viene a cuento porque este fin de semana he descubierto este interesántisimo blog dedicado a Ramón Gaya, con pinturas, textos, manuscritos, fotografías y otros materiales (de esta entrada están sacados la pintura y el texto que incluí más arriba).
También son más que interesantes ramongaya.com y www.museoramongaya.es.
Enlace permanente Comentarios (1)
Y ahí estaba, una mujer vieja ahora; vive esperando el bien, cree, teme el mal, llena de angustia por los que viven y también por los que están muertos; ahí está, mirando las ruinas de su casa, admirando el cielo de primavera sin saber lo que está admirando, preguntándose por qué el futuro de los que ama es tan oscuro y sus vidas están tan llenas de errores, sin darse cuenta de que precisamente esa confusión, esa niebla y ese dolor aportan la respuesta, la claridad, la esperanza, sin darse cuenta de que en lo más profundo de su alma ya conoce el significado de la vida que le ha tocado vivir, a ella y a los suyos. Y aunque ninguno de ellos pueda decir qué les espera, aunque sepan que en una época tan terrible el ser humano no es ya forjador de su propia felicidad y que sólo el destino tiene el poder de indultar y castigar, de ensalzar en la gloria y hundir en la miseria, de convertir a un hombre en polvo de un campo penitenciario, sin embargo ni el destino ni la historia ni la ira del Estado ni la gloria o la infamia de la batalla tienen poder para transformar a los que llevan por nombre seres humanos. Fuera lo que fuese lo que les deparara el futuro –la fama, la muerte y la ejecución-, ellos vivirán como seres humanos y morirán como seres humanos, y lo mismo para aquellos que ya han muerto; y sólo en eso consiste la victoria amarga y eterna del hombre sobre las fuerzas grandiosas e inhumanas que hubo y habrá en el mundo.
Ufff… recien acabada la lectura de “Vida y destino” uno casi (es una exageración, claro) se pregunta si merece la pena leer otra novela después de esta.
Independientemente de calidad (que la hay, y mucha) o de lo que me haya gustado (que también es mucho), es tan “grande” la novela (y no me refiero al número de páginas, ni a la extensión de lo “ruso” ni a los momentos históricos en que transcurren, aunque todo ello ayude, claro) que parece tratarlo todo, sin que sea necesario agregar nada más; parece que la “vida”, que no casualmente forma parte del título, quede descrita completamente en sus páginas…
Nota: hay un interesante video en la ficha de la novela en la web de la FNAC España.
Enlace permanente Comentarios (1)