Acerca de la dispersión

Siguiendo mi tradición de tener mil frentes abiertos y no dedicarle esfuerzo a ninguno (o, más bien, que me aburro pronto de aquellos que no son novedad), he comenzado un nuevo tumbleblog dedicado a recopilar recursos sobre Chris Ware; si a alguien le interesa, está en http://someware.tumblr.com/

Comentarios

 

Acerca de la veracidad


Esta anotación es sólo para indicar que acabo de escribir la entrada en la Wikipedia en castellano para Vera Nabokov.
(No tengo nada más que añadir; bastante he escrito ya allí, tal vez demasiado // todas las imágenes superiores corresponden al archivo fotográfico de LIFE).

Comentarios

 

Acerca de la temeridad

Siguiendo con lo realizado hace unos días para Orwell, he aquí un montaje con algunas de las portadas de ediciones de la Penguin de obras de Virginia Woolf:

montaje_vw.jpg

Con objeto de no dejar la imagen desnuda y copiar algún párrafo suyo, aunque sin tener que buscarlo y teclearlo, hago una búqueda por la cadena woolf en anteriores anotaciones; para mi sorpresa, antes de esta, con mayor o menor importancia en la entrada, la escritora británica era nombrada en 7 de ellas (no tenía la impresión de haberlas citado tanto).
Ante tanta repetición, simplemente dejo el enlace anterior, que recupera el resultado de dicha búsqueda y, simplemente, reuso para esta entrada una falsa portada de Gallardo acompañada de la foto canónica con la que solemos reconocerla:

woolf.jpg
Miguel Gallardo, 2006 / George Charles Beresford, 1902

Comentarios

 

Acerca del misterio

Se cuenta que a veces se oyen dos voces hablando en la habitación y que, cuando se abre la puerta, Todhunter siempre está solo. Se habla de un misterioso hombre alto con un sombrero de seda que un día surgió de la niebla, y al parecer del mar, y se paseó por la arena y por el jardincito trasero al atardecer, hasta que le oyeron hablar con el inquilino por la ventana. La conversación pareció acabar en una disputa. Todhunter cerró violentamente la ventana y el hombre del sombrero de copa desapareció en la niebla de nuevo. La familia cuenta esta historia con mucho misterio, pero yo creo que la señora MacNab prefiere otra historia inventada por ella misma: que el Otro Hombre (o lo que quiera que sea) se desliza cada noche desde un baúl que hay en un rincón y que está cerrado durante el día.

Un fragmento del relato “La ausencia del Señor Glass” de G. K. Chesterton, perteneciente al volumen “La sagacidad del padre Brown” (traducción de Miguel Temprano García).

liniers.jpg

Una de las tiras de “Macanudo”, por Liniers.

Al igual que la anterior entrada, una nueva asociación mental. Mientras leía estas lineas en el volumen que ha editado Acantilado con los relatos del padre Brown no podía visualizar al personaje descrito de una forma diferente al misterioso hombre de negro, uno de los personajes de la genial tira de Liniers.

Comentarios

 

Acerca de perros y humanos

goya_agreda.jpg

Curiosas asociaciones mentales, que a la vista de una imagen (la de la derecha, de José Luis Agreda), te traen a la mente inmediatamente otra (la de la izquierda, la pintura de Goya), que aparentemente no tienen mucho que ver, salvo una curva que delimita de alguna forma primer plano y fondo.

Comentarios

 

Acerca de G. Orwell

montaje_orwell_2.jpg

Era la hora solitaria de después de comer, en la que pocos clientes entraban en la librería, si es que entraba alguno. Estaba solo con siete mil libros. Contiguo a la trastienda, el habitáculo, pequeño y oscuro, que olía a polvo y a papel húmedo, se hallaba abarrotado de libros, la mayoría viejos e invendibles. En las estanterías superiores próximas al techo se encontraban los volúmenes en cuarto de enciclopedias desfasadas, apiladas de costado como ataúdes en una fosa común. Gordon apartó las cortinas azules y polvorientas, que hacían las veces de puerta a la sala contigua. En esta estancia, mejor iluminada que la anterior, se hallaba la sección de préstamos. Era una de esas bibliotecas de «a dos peniques, sin depósito» que tanto gustaba a los lectores tacaños. Por supuesto, sólo había novelas, ¡y qué novelas! Pero eso era lo que el público esperaba.
Un total de ochocientos volúmenes forraban tres de las cuatro paredes de la habitación, hilera tras hilera de llamativos lomos rectangulares, como si las paredes hubiesen sido construidas con ladrillos de diversos colores dispuestos en vertical. Los libros se hallaban colocados en orden alfabético: Arlen, Burroughs, Deeping, Dell, Frankau, Galsworthy, Gibbs, Priestley, Sapper, Walpole… Gordon los contempló con un odio sereno. En esos momentos detestaba todo tipo de libros, en especial las novelas. ¡Qué espanto pensar en toda esa masa de basura húmeda y sin sentido amontonada en un mismo sitio! Puding, puding pringoso. Ochocientas porciones de puding emparedándole bajo una bóveda hecha de un conglomerado parecido al puding.

montaje_orwell_11.jpg

Gordon se alejó de la puerta y regresó junto a las estanterías. A mano izquierda, se encontraban los libros nuevos o seminuevos, formando una superficie de colores brillantes que pretendían llamar la atención de todo el que mirase a través del cristal de la puerta; sus lomos relucientes e inmaculados parecían decir a gritos: «¡Cómprame, cómprame». Eran novelas recién salidas de la imprenta, esposas aún no poseídas que suspiraban por un cortapapeles que las desflorase; y ejemplares para la prensa y los críticos, semejantes a viudas jóvenes y lozanas, aunque ya no vírgenes; y aquí y allá, en grupos de media docena, esas patéticas solteronas, los «saldos». Le traían malos recuerdos: del único librito miserable que había publicado hacía dos años, sólo se vendieron ciento cincuenta y tres ejemplares; el resto se había saldado, y aún así jamás se había vendido uno. Pasó de largo ante los libros nuevos y se detuvo frente a los estantes que se abalanzaban en ángulo recto contra ellos y que albergaban volúmenes de segunda mano.
Encima, a la derecha, se encontraban los libros de poesía. Gordon se hallaba frente a un revoltijo de libros en prosa situados más abajo. Estaban ordenados de forma gradual: los limpios y caros a la altura de los ojos, los baratos y deslucidos en los extremos superior e inferior. En todas las librerías se aplicaba un criterio de lucha Darwiniana por la subsistencia, en virtud de la cual las obras de escritores vivos se exhibían a la altura de los ojos, mientras que las de los difuntos se colocaban más arriba o más abajo; abajo, en el infierno, o arriba, en el trono; en todo caso, situados lejos de la vista. En los estantes inferiores, los «clásicos», esos monstruos extinguidos de la era victoriana, se descomponían en paz: Scott, Carlyle, Meredith, Ruskin, Pater, Stevenson… Apenas se distinguían los nombres en los lomos anchos y anticuados.

Los dos fragmentos anteriores pertenecen a “Que no muera la aspidistra” de George Orwell (traducción de Cristina Salmerón Giménez).
Las ilustraciones son montajes realizados a partir de las portadas de algunos de los volúmenes de G. Orwell editados por Penguin.

Comentarios

 

Acerca de los números

Toni García en “Apocalipsis” (“El País”, 11 de agosto de 2009):

[...] la renacida obsesión de Hollywood con el juicio final, poniendo como ejemplo películas como La carretera (www.theroad-movie.com), The book of Eli (ww.theroad-movie.com) o 2012 (www.sonypictures.com/movies/2012). Esta última parece tener todos los números para llevarse el gato al agua: pongan “2012″, que parece ser la fecha en la que los mayas dejaron de escribir su calendario (no se sabe si por vagancia o por cualquier otro motivo mucho más profundo, elaborado y -obviamente- negativo) en cualquier buscador y encontrarán 176 millones de resultados, en todos los idiomas.

Pues sí, 176 millones de resultados para “2012″… pero, ¿podemos sacar de aquí alguna conclusión en relación a que una u otra película se va a llevar el gato el agua? Yo diría que no; repitamos la búsqueda para otras cadenas de búsqueda.

  • “2009″ devulve 10.910 millones de resultados.

  • “2010″ devuelve 637 millones de resultados.
  • “2011″ devuelve 410 millones de resultados.
  • “2013″ devuelve 108 millones de resultados.

2012.jpg
Vamos, que cualquier cifra que se pueda interpretar como un año más o menos cercano al actual aparece multitud de veces en distintos sitios webs, siendo indexada por buscadores. Y la frecuencia de aparición de la misma, como parece lógico, es mayor para el año actual y, a partir de aquí, en cantidad decreciente para los años siguientes, correspondientes aún a previsiones.
Por tanto, la cantidad de apariciones de “2012″ no parece que siga una pauta distinta a la esperada, ocasionada por el título de la película que se indica en el artículo; así, me atrevo a decir que en este se está jugando con los datos -mostrando sólo aquel que interesa, apabullando por su volumen- para sacar conclusiones que no tienen por qué ser ciertas (de todas formas, evidentemente, un porcentaje de esas apariciones del término 2012 sí se refieren a la película; y es posible que esta tenga éxito en taquilla, dada su naturaleza y la campaña que la acompaña).

Pd.: ah, y tampoco vale lo de “cualquier búscador”, que se indica en el artículo original; los números de resultados citados son para google, muy distintos de “cualquier” otro.

Comentarios (1)

 

Acerca de los libros (vii, Enki Bilal)

El estilo es un don y también es una trampa, un amaneramiento. Francis Bacon pintaba a veces cuadros estremecedores y otras veces echaba mano a los automatismos del estilo para pintar un bacon [...]

bilal_portada001.jpg

Le pregunto por la exposición del Prado a un amigo que ya ha ido a verla y me cuenta que ha comprobado que Bacon ya no le gusta tanto como antes. De más joven Bacon era uno de sus pintores; ahora le gusta mucho más Mark Rothko, que cuando era joven le cansaba. Quizás a mí me pasará lo mismo. Cuando uno es joven lo obvio le apasiona, le permite la seguridad de una conmoción indiscutible.

bilal_portada002.jpg

bilal_portada003.jpg

Las dos citas textuales que aparecen arriba corresponden a parte del artículo publicado ayer en Babelia por A. Muñoz Molina sobre la exposición de Francis Bacon en el Prado.

Pero, leyéndolo, las frases copiadas me parecían perfectas para comenzar el artículo que tenía en mente sobre el dibujante de origen yugoeslavo Enki Bilal: un artista por el que no hace tanto sentía verdadera pasión de fan y que ahora, en el mejor de los casos, me deja frío (aunque no dejo de seguirlo, no sé bien si por la costumbre o con la esperanza de que vuelva a encandilarme).
Y dos de las posibles razones que puedo utilizar para justificar esa caida en desgracia dentro de mi olimpo particular coinciden con las expuestas por Muñoz Molina para el caso de Bacon: o bien se ha producido un bajón respecto a sus primeras obras, en las que fijó un estilo característico, y ahora lo fía todo a dicho estilo sin un fondo verdadero, o bien sus primeras obras obras tampoco eran tan buenas, pero me impactaron en su momento por su efectismo.

bilal_portada004.jpg

bilal_portada005.jpg

Además, para mí, Bilal tiene alguna connotación especial: la primera vez que publiqué un contenido en la web fue, hace como diez años, este monográfico sobre él e, incluso, mi primera colaboración con la wikipedia fue, a mediados de 2005, la escritura de su entrada en la versión en castellano de esta enciclopedia on-line.

bilal_portada006.jpg

bilal_portada007.jpg

El dedicar precisamente ahora una entrada a Enki Bilal (y más después de plantear las dudas sobre su producción actual) no es casual, sino que viene dado por la presencia del autor en Madrid el martes (17 de marzo de 2009) para inagurar una exposición / proyectar un film / participar en una conferencia (más información aquí).
Además, la semana pasada salió a la venta (en Francia) su nuevo álbum, ANIMAL’z.

Le daremos una nueva oportunidad: al álbum, seguro, y a la exposición, depende (de si paso por Madrid por las fechas en que esté expuesta).

bilal_portada008.jpg

Las fotografías corresponden (de arriba a abajo) a:

  • Colección de 18 tarjetas con viñetas repintadas de “La mujer trampa”.
  • Portadas de los cinco (uno aparece dos veces, en edición francesa y castellana) álbumes de temática fantástica-política guionizados por Pierre Christin, bajo el título de “Leyendas de hoy”.
  • Páginas interiores de uno de los anteriores, “Partida de caza”.
  • Portadas de los 3 álbumes que componen la trilogía “Nikopol”.
  • Portadas de los 4 álbumes que componen la tetralogía del “Sueño del Monstruo”.
  • Portadas de dos libros recopilando su trabajo gráfico, “Sangre azul” y “Visiones de fin de milenio”.
  • Páginas interiores de “Sangre azul”.
  • Páginas interiores de “Fuera de juego” y “Coeurs sanglants” (ilustrando textos de, respectivamente, Patrick Cauvin y Pierre Christin).

Comentarios (3)

 

Acerca de los suplementos literarios

Una terna de enlaces, agrupados aquí por el nexo común (directo en los dos primeros casos y secundario en el último) de los suplementos literarios.

Comentarios (1)

 

Acerca de los libros (vi, Alianza)

Hace un par de días leía, con una semana de retraso pues había estado de viaje, el “Babelia” dedicado al libro de bolsillo.
Precisamente, para dicho viaje, uno para el trayecto de ida y otro para el de vuelta, había comprado sendos libros de bolsillo, ambos de Alianza (sin embargo, finalmente, sólo llegué a leer unas pocas decenas de páginas).
En cualquier caso, esto ha sido el origen de esta anotación de la serie “Acerca de los libros” en que he utilizado, para la parte gráfica, algunos de los libros que tengo de Alianza Editorial, y para los textos fragmentos de la columna “Lecturas liliputienses” de Alberto Manguel, en el “Babelia” citado.

alianza001.jpg

Dos características esenciales definen el libro de bolsillo: su dócil tamaño y su voluntad nómada. Es por eso que el santo patrón de los libros de bolsillo es (o debería ser) un tal Lemuel Gulliver, viajero infatigable y minucioso cronista del minúsculo reino de Liliput.

alianza002.jpg

Discreto, móvil, manuable, modesto, el libro de bolsillo es, de toda la biblioteca, el que más se pliega a la voluntad del lector.

alianza003.jpg

Porque es portátil, no exige que se lea en un lugar determinado, como los elefantinos volúmenes de una enciclopedia; porque es barato, no provoca en el lector que quiere garabatear en sus márgenes el sentimiento de lèse majesté que causan sus más aristocráticos hermanos de tapa dura; porque es pequeño, no desdeña el bolso ni, obviamente, el bolsillo, y se deja llevar a la cama como el más dócil de los enamorados.

alianza004.jpg

Hoy los libros de bolsillo reinan supremos, tanto entre sus congéneres de librería como entre las morcillas y pantuflas del supermercado, ofreciendo al lector que busca un discreto compañero de ruta todo tipo de aventuras, desde los periplos más imbéciles hasta los clásicos viajes del perspicaz Lemuel Gulliver.

alianza005.jpg

Véase también: Acerca de las alianzas (i) y Acerca de las alianzas (ii).

Comentarios (3)