Anotaciones publicadas en Mayo de 2007

Acerca de la guerra (ii)

Una semana después de la anotación anterior sobre el tema, encuentro almacenada en una carpeta del disco duro de mi ordenador la siguiente viñeta de Máximo (que, deduzco por el nombre que utilicé en su momento para guardar el archivo, debió aparecer en “El País” el 13 de julio de 2006).

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Acerca del hombre libresco

[...] A pesar de todo esto, fácilmente se puede conjurar una imagen que presta un buen servicio al hombre libresco y que suscita una sonrisa a sus expensas. Imaginamos a una figura pálida e incluso ojerosa, delgada, con una bata de vestir, perdida en sus especulaciones, incapaz de levantar una sartén del hornillo, o de abordar a una dama sin sonrojarse, ignorante de las noticias del día, si bien versada en los catálogos de las librerías de lance, en cuyos oscuros recintos pasa las horas de luz diurna: un personaje sin duda delicioso en su sencillez refunfuñona, aunque en modo alguno se asemeje a ese otro al que preferiríamos dirigir nuestra atención. Y es que el verdadero lector es esencialmente joven. Es un hombre de intensa curiosidad, de ideas, abierto de miras, comunicativo, para el cual la lectura tiene más las propiedades de un ejercicio brioso al aire libre que las del estudio en un lugar resguardado.

[...] Si se desea refrescar la memoria, tomemos uno de esos viejos cuadernos que rezuman, en un momento u otro, la pasión de los comienzos. Es verdad que la mayoría de las páginas han quedado en blanco, aunque al principio encontraremos un determinado número hermosamente seguido de una caligrafía perfectamente legible. Ahí hemos anotado los nombres de los grandes escritores por orden de mérito; habremos copiado espléndidos pasajes de los clásicos; habrá también listas de libros por leer; lo más interesante es que también habrá listas de libro en efecto leídos, como atestigua el lector con un punto de vanidad juvenil al añadir una marca en tinta roja.

“Horas en una biblioteca”, Virginia Woolf, 1916 (traducción de Miguel Martinez-Lage).

Este artículo apareció publicado en “The Times Literary Supplement” del 30 de noviembre de 1916. En castellano, se encuentra en el volumen recopilatorio al que sirve de título.

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Acerca de la prensa

No me explico por qué seguimos pagando un euro por estos diarios tan inmaduros.
(La juventud se acaba, tarde o temprano; la inmadurez, en cambio, puede durar toda la vida).
Bueno, sí me lo explico. Pagamos el euro para que reafirmen nuestras posiciones y nos den nuevos argumentos para defenderlas frente a los lectores del diario competidor.
Sintonizamos nuestra conciencia con la emisora o con el diario favorito y, si no chirría demasiado, pagamos el euro de mil amores. Pero –eso sí- que no crean que nos engañan. Sabemos lo que compramos y por qué lo hacemos. La prensa política (generalmente de pago) es como la religión: lleva más carga de fe que de razón. ¡Qué le vamos a hacer!

José Antonio Martínez Soler en este artículo de su blog, “Se nos ve el plumero”.

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Acerca de los pingüinos

Liniers estrena página web, y además de unos contenidos que no nos sorprenden por su calidad (bueno, sí, sí que nos sorprenden; el asombro ante la inventiva y sensibilidad de este hombre no tienen, aunque está muy usada la expresión, límites), presenta un bonito contiente:

liniers.jpg

http://www.porliniers.com/

Según el catálogo de Random House Mondadori (que lo edita en España):

Sus tiras están pobladas de personajes asombrosos, como pingüinos, robots, moscas, un oso de peluche llamado Madariaga o un gato que responde al nombre de Fellini. Con su humor sagaz y melancólico y su inconfundible trazo, Liniers reflexiona sobre la estupidez humana, el amor o el paso del tiempo, dejando una sonrisa agridulce en sus cada vez más numerosos lectores de América y Europa.

Nota I: y, por si no los conocen, tampoco dejen de visitar http://autoliniers.blogspot.com/ y http://macanudoliniers.blogspot.com/.
Nota II: el martes inagura exposición en la FNAC Triangle (Barcelona) y unos días después, el sábado, estará firmando en la Feria del Libro de Madrid.

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Acerca de la guerra

Hace un par de días se ponía a la venta “Sobre la guerra”, el último libro de Rafael Sánchez Ferlosio. Según el texto en la web de la editorial:

El presente volumen reúne, cuidadosamente seleccionados, ordenados y revisados por el autor, los textos fundamentales de Rafael Sánchez Ferlosio sobre la guerra. El lector encontrará aquí su preciso, rico y complejo pensamiento, con su extraordinaria erudición y ejemplar clarividencia. La violencia, el derecho, la manipulación del lenguaje, la estructura y condición de las guerras modernas… Todos los temas en que puede desgranarse la noción bélica aparecen meditados en un estilo inconfundible, que ha convertido a Ferlosio en máximo e inigualado referente del ensayo español.

Extraigo de la entrevista que publicaba “El País” el siguiente fragmento:

P. ¿Ha sido, entonces, por la necesidad de insistir en la ilegitimidad de todo empleo de la fuerza, que es lo que parece desprenderse de sus ensayos?
R. Yo no recurriría aquí a la legitimidad, porque es un concepto que surge cuando hay enfrentamiento militar, o terrorismo. Las armas son el origen de la legitimidad. El vencedor es el legitimado, y el legitimador, el vencido. En el ensayo de Walter Benjamin sobre la violencia se dice que, en los tiempos más primitivos, el tratado de paz representaba la aceptación de los derechos de guerra del vencedor por parte del vencido.
P. La violencia como creadora de derecho.
R. La noción de legitimidad pertenece, en efecto, a esta estructura, es la ratificación de una victoria por parte del vencido. Luego, a la legitimidad se le han podido añadir muchas cosas. Pero es una ilusión pensar que con un bañito de democracia o como queramos llamarlo se puede suprimir la legitimidad como sustrato de violencia que permanece.

Entrevista a Rafael Sánchez Ferlosio, José María Ridao, diario “El País”, 22 de mayo de 2007.

También habla sobre la guerra (téngase en cuenta que está escrito y ambientado poco antes del comienzo de la SGM) el libro que leo actualmente (me faltan unas veinticinco para acabarlo), “Subir a por aire”, y del que ya copié un fragmento hace unos días.

¡La guerra! Me puse a pensar en ella otra vez. Va a venir pronto, eso es seguro. Pero ¿quién tiene miedo a la guerra? Es decir, ¿quién tiene miedo de las bombas y de las ametralladoras? “Usted, por ejemplo”, dirán ustedes. Sí, yo las temo, y las teme todo aquel que las haya vivido. Pero no es la guerra lo peor, sino la posguerra. Este mundo en el que nos estamos hundiendo, este mundo de odio, de consignas. Las camisas de colores, el alambre de espino, las porras de goma. Las celdas secretas donde la luz eléctrica brilla día y noche y donde los policías le vigilan a uno mientras duerme. Los desfiles y las pancartas con enormes retratos, y las multitudes de un millón de personas aplaudiendo a su líder hasta llegar a ensordecerse a sí mismas y llegar a creer que realmente le adoran, mientras que interiormente le odian hasta vomitar. Todo esto sucederá. ¿O no? Algunos días sé que es imposible, otros sé que es inevitable.

“Subir a por aire”, George Orwell, 1939 (traducción de Ester Donato).

Libro que, por otra parte, aprovecho para recomendar: una adecuada mezcla de irónica mordacidad, nostalgia y reflexión.
Aunque no debería, pues ya he leído varios libros de Orwell (incluso, hace años, “Rebelión en la granja” era mi libro de cabecera), me ha sorprendido más que gratamente.

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Acerca del subterraneo

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No sabía cual de las ilustraciones de Tadahiro Uesugi que hay en esta web, todas ellas fantásticas, elegir para colgar aquí; al final, simplemente he tomado la primera, la que aparece en portada.

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Acerca de los lomos (de los libros)

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“The MoMA Library (O-P)”, Xiaoze Xie, 2005.

Vía efimera.org descubro la obra de Xiaoze Xie: lienzos hiperrealistas (casi hay que hacer un acto de fé para no pensar que somos engañados y son, realmente, fotografías), mostrando libros en bibliotecas y pilas de periódicos.

Galerías on-line en los siguientes enlaces: 1, 2 y 3.

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Acerca del tupé

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Hoy parece difícil el resistirse, cuando se celebra el centenario del nacimiento de Hergé, a publicar una anotación que sirva de pequeño homenaje al autor belga o a su creación.
La verdad es que, pese a reconocer las virtudes indudables de los albumes, lo que siempre ha ejercido un inmenso poder de atracción para mí ha sido el valor de “Tintín” y toda su troupe de secundarios como icónos: en las tiendas “Tintín” de Bélgica, pese a irme sin comprar nada (bueno, sí, una camiseta), yo fui feliz, rodeado de figuritas de resina y otros centenares de objetos mostrando al reportero de los bombachos, el que nunca escribió una crónica.

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Acerca de la (in)visibilidad

Mi deseo para esta anotación era copiar un fragmento de “Negra espalda del tiempo”; pero no un fragmento cualquiera, no era suficiente que fuera elegido de dicho libro, sino que necesitaba que tratara de forma expresa de la negra espalda del tiempo, que suele estar oculta y no verse.
Y es que ese es el espíritu de esta entrada, que supone el punto de inflexión del blog: si en el momento de escribir las anteriores anotaciones, la bitácora no estaba publicada, a partir de hoy, esto cambia y pasa al luminoso anverso del tiempo, que suele estar visible y observarse.

Pero no encontré un párrafo de la temática buscada que me satisficiera. Sin embargo, el siguiente no me viene tampoco mal como declaración de intenciones (futuro) ni cómo resumen de los, aproximadamente, dos meses y medio (pasado) de entradas ya escritas, aunque ocultas hasta hoy: un poco de anarquía y automatismo.

Queda por contar todavía tanto reciente y lo venidero, y yo necesito tiempo. Pero sé que cuando quiero que sea y aunque no conozca eso venidero, seguiré contándolo como hasta ahora, sin motivo ni apenas orden y sin trazar dibujo ni buscar coherencia; sin que a lo contado lo guíe ningún autor en el fondo aunque sea yo quien lo cuente; sin que responda a ningún plan ni se rija por ninguna brújula, ni tenga por qué formar un sentido ni constituir un argumento o trama ni obedecer a una armonía oculta, ni tan siquiera componer una historia con principio y su espera y su silencio final.

“Negra espalda del tiempo”, Javier Marías, 1998.

Bienvenidos.

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Acerca de las hipotecas

Desde luego, pensé, lo peor de nosotros es que nos imaginamos que tenemos algo que perder. Para empezar, el noventa por ciento de los vecinos de la calle Ellesmere tienen la impresión de ser propietarios de sus casas. La calle Ellesmere y toda la zona que la rodea, hasta la Avenida Principal, forma parte de una enorme empresa inmobiliaria llamada Urbanización Las Hespérides, propiedad de la Sociedad Constructora Cheerful Credit. Las constructoras son, probablemente, el negocio más redondo de nuestro tiempo. Los seguros son una estafa, lo reconozco, pero una estafa declarada, con las cartas boca arriba. Lo bueno de la empresa constructora es que las víctimas de la estafa creen ser objeto de un favor. La empresa las desvalija y ellas le lamen la mano agradecidas. A veces pienso que me gustaría ver la Urbanización Hespérides presidida por un enorme monumento al dios de las sociedades constructoras. Sería un dios extraño. Entre otras cosas, sería bisexual. La mitad superior de su cuerpo sería un director gerente, y la mitad inferior una señora embarazada. En una mano mostraría una enorme llave –la llave del asilo, claro- y en la otra, -¿cómo se llaman esas cosas como cuernos con regalos dentro?- una cornucopia, de la que saldrían radios portátiles, pólizas de seguro de vida, dentaduras postizas, aspirinas, preservativos y rodillos de apisonadores de jardín.
[…] Simplemente por la ilusión de ser dueños de nuestras casas, de tener lo que se llama un pie en el campo, los pobres desgraciados de las Hespérides y de todos los lugares semejantes nos hemos convertido para toda la vida en los devotos esclavos de Crum. Somos todos respetables propietarios, es decir, gente de orden, conservadores y pelotas. Somos la gallina de los huevos de oro. Y el hecho de que en realidad no seamos propietarios, de que estemos todos a medio pagar nuestras casas y vivamos devorados por el terror de que nos ocurra algo antes de haber efectuado el último pago no hace más que aumentar esta impresión. Estamos comprados, y lo que es más, comprados con nuestro propio dinero. Y cada uno de los pobres imbéciles oprimidos que están echando el bofe para pagar en el doble de su valor una jaulita de ladrillo llamada Belle Vue porque no tiene vista alguna, cada uno de estos pobres primos está dispuesto a morir en el campo de batalla para salvar a su país del bolchevismo.

“Subir a por aire”, George Orwell, 1939 (traducción de Ester Donato).

Está claro que, pese a las casi siete décadas transcurridas, las cosas no han cambiado mucho… bueno, tal vez, hoy en día los felices propietarios no estarían dispuestos a morir en el campo de batalla (ni en contra ni, mucho menos, claro, a favor del bolchevismo).

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Miguel Gallardo, 2006

El libro, en la edición que acaba de publicar Destino, tiene como portada una ilustración de Miguel Gallardo, que se puede ver arriba, a la izquierda. A la derecha, un boceto para la misma portada.

Mirando en uno de sus blogs (sí, hay dos) en busca de la anteriores ilustraciones, encuentro también una falsa portada sobre una biografía de Virginia Woolf “en la que -cito textualmente- aparece más glamurosa que nunca“.
Para comparar, la coloco junto a la fotografía que le realizó en 1902 George Charles Beresford y que practicamente ha quedado fijada como la imagen, casi un icono, que tenemos a día de hoy de la Woolf.

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Miguel Gallardo, 2006 / George Charles Beresford, 1902

Y, para cerrar esta anotación, que me ha llevado, inesperadamente, de Orwell a Woolf, vía Gallardo, intento encontrar, convencido de que existirá, alguna relación entre los dos escritores ingleses, que me permita cerrar, de forma elegante, la estructura del mensaje, engarzando comienzo con final.
Pero, busco en el índice onomástico de los diarios de Virginia Woolf, y no hay suerte; hago lo propio con su biografía, a cargo de Quentin Bell, y tampoco hay éxito. Así que lo que esperaba que fuera un círculo se tendrá que conformar con ser un segmento.
FIN.

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