El caballero (todos lo sabemos) vuelve de una guerra, la de los Siete Años, la de los Treinta Años, la de las Dos Rosas, la de los Tres Enriques, una guerra dinástica o religiosa, o quizá galana, en el Palatinado, en los Países Bajos, en Bohemia, no importa dónde, tampoco importa cuándo, todas las guerras son fragmentos de una única guerra, todas las guerras forman la guerra sin nombre, la guerra a secas, la Guerra, de modo que el caballero vuelve de un viaje a través de uno de los fragmentos de la guerra, pero es como si hubiese recorrido todas las guerras y toda la guerra porque todas, aunque de cerca parezcan diferentes, vistas a la distancia repiten las mismas infamias y los mismos estruendos, así que no tengamos escrúpulos de fechas ni de nombres, no hay que preocuparse si de los Plantagenet y de los Hohenstaufen hacemos una sola familia díscola, si mezclamos lansquenetes con granaderos, ballesteros con arcabuceros, o si alborotamos la geografía y juntamos ciudades con ciudades, castillos con castillos, torres con torres […]
“Un perro en el grabado de Durero titulado ‘El caballero, la muerte y el diablo’”, Marco Denevi, 1966.
El anterior fragmento es el comienzo de un relato de Marco Denevi, escrito a petición de Alberto Manguel. En palabras de este último:
En 1966 trabajaba para Galerna, una pequeña editorial de Buenos Aires. Disponía de una libertad casi total y, lleno de entusiasmo, puse en marcha una breve y finalmente nada exitosa serie titulada “Variaciones sobre un tema”. La idea era escoger un asunto por número (que podía ser cualquier cosa: un recorte de periódico, una pintura) y ofrecérselo a una docena de escritores que harían su propia “variación” sobre el tema dado. Para uno de los números escogí el grabado de Durero “El caballero, la muerte y el diablo”, y entre los autores a los que pedí que escribieran sobre ese tema estaba Marco Denevi.
El grabado de Durero mencionado es el siguiente:
“El caballero, la Muerte y el Diablo”, Alberto Durero, 1513.
Dicho grabado está inspirado, a su vez, en un texto de Erasmo de Rotterdam:
Para que no te dejes apartar del camino de la virtud porque te parezca abrupto y temible, porque tal vez hayas de renunciar a las comodidades del mundo, y porque constantemente has de combatir contra tres enemigos en lucha desigual, que son la carne, el demonio y el mundo, te será propuesta esta tercera norma: todos esos espectros y fantasmas que se abaten sobre ti [...] has de tenerlos en nada.
La edición que yo acabo de leer es la publicada por Media Vaca en un librito primorosamente ilustrado por Max.
En 2006, cuarenta años después, Armin Abmeier, director de la prestigiosa colección Die Tollen Hefte (Los prodigiosos cuadernitos), invitó al dibujante Max a participar en su proyecto y le dio carta blanca para ilustrar el texto que él sugiriera. Max escogió el relato de Denevi y ofreció a Media Vaca la posibilidad de realizar la edición en lengua española. El resultado es este raro y precioso librito, que no parece de Media Vaca, que tampoco parece exactamente un Tolle Heft, cuyo proceso de impresión han cuidado personalmente el artista y el editor alemán y que ha sido realizado en cinco tintas directas, un sistema inusual que recupera los oficios antiguos de la imprenta.
Ilustraciones para “Un perro en el grabado de Durero titulado ‘El caballero, la muerte y el diablo’”, Max, 2006.
No hace falta decir mucho para suponer que cualquier eslabón de esta cadena de variaciones merece la pena.