Anotaciones publicadas en Febrero de 2008

Acerca de lo humano

Y ahí estaba, una mujer vieja ahora; vive esperando el bien, cree, teme el mal, llena de angustia por los que viven y también por los que están muertos; ahí está, mirando las ruinas de su casa, admirando el cielo de primavera sin saber lo que está admirando, preguntándose por qué el futuro de los que ama es tan oscuro y sus vidas están tan llenas de errores, sin darse cuenta de que precisamente esa confusión, esa niebla y ese dolor aportan la respuesta, la claridad, la esperanza, sin darse cuenta de que en lo más profundo de su alma ya conoce el significado de la vida que le ha tocado vivir, a ella y a los suyos. Y aunque ninguno de ellos pueda decir qué les espera, aunque sepan que en una época tan terrible el ser humano no es ya forjador de su propia felicidad y que sólo el destino tiene el poder de indultar y castigar, de ensalzar en la gloria y hundir en la miseria, de convertir a un hombre en polvo de un campo penitenciario, sin embargo ni el destino ni la historia ni la ira del Estado ni la gloria o la infamia de la batalla tienen poder para transformar a los que llevan por nombre seres humanos. Fuera lo que fuese lo que les deparara el futuro –la fama, la muerte y la ejecución-, ellos vivirán como seres humanos y morirán como seres humanos, y lo mismo para aquellos que ya han muerto; y sólo en eso consiste la victoria amarga y eterna del hombre sobre las fuerzas grandiosas e inhumanas que hubo y habrá en el mundo.

“Vida y destino”, Vasili Grossman, 1960.

Ufff… recien acabada la lectura de “Vida y destino” uno casi (es una exageración, claro) se pregunta si merece la pena leer otra novela después de esta.
Independientemente de calidad (que la hay, y mucha) o de lo que me haya gustado (que también es mucho), es tan “grande” la novela (y no me refiero al número de páginas, ni a la extensión de lo “ruso” ni a los momentos históricos en que transcurren, aunque todo ello ayude, claro) que parece tratarlo todo, sin que sea necesario agregar nada más; parece que la “vida”, que no casualmente forma parte del título, quede descrita completamente en sus páginas…

Nota: hay un interesante video en la ficha de la novela en la web de la FNAC España.

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Acerca de los ojos almendrados

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“Mujer sentada con vestido azul”, Amedeo Modigliani, 1918.

[...] Los retratos que realiza a partir de 1918 son los que se identifican plenamente con el lenguaje plástico de Modigliani. En ellos aparecen los rostros ovalados, los cuellos estilizados y exageradamente alargados, los rostros planos, los ojos almendrados y azules que parecen mirarnos desde el lienzo y las bocas cerradas y pequeñas.

De la guía didáctica de la exposición “Modigliani y su tiempo”, actualmente en el Thyssen y la Fundación CajaMadrid.

Sí, otra vez he estado viendo una exposición de Modigliani, esta vez en Madrid; incluso, hace tiempo, además de las ya relatadas aquí, también ví una en Murcia.

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Acerca de las listas

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Vivimos entre listas. En una época marcada por la usura del tiempo, disponemos de una enorme panoplia de “organizadores personales” a nuestro alcance (desde la agenda al PDA) que utilizamos para registrar esos peculiares contratos de cada cual consigo mismo que son nuestras listas. Las construimos como recordatorios y taxonomías, pero también como inductores que nos estimulan a lograr nuestros objetivos; incluso las utilizamos como testigos de nuestros fracasos. Creamos listas de invitados, de amantes, de propósitos para el nuevo año, de compras, de citas, de tareas pendientes. Existen listas para casi todo. Los anglosajones, tan aficionados a ellas, disponen de lugares en Internet para personalizarlas, gestionarlas o contactar con quienes manifiestan deseos o aficiones semejantes (consúltese, por ejemplo, www.43Things.com), así como de sitios donde se almacenan “listas de listas”.

“La lista de Keynes”, Manuel Rodríguez Rivero, el “El país” del 20 de febrero de 2008.
Ilustración: “La biblioteca”, François Schuiten.

Hasta hace no mucho yo llevaba, como dice MRR en el artículo, varias listas en un PDA.
Un borrado de la memoria del aparatito, que me pilló sin copia de seguridad, terminó, después de un pequeño disgusto inicial, siendo una liberación: de pronto perdí una obligación autoimpuesta, la que buscaba hacer disminuir (aunque nunca conseguí, sino que crecía inexorablemente) una lista que siempre era de cosas pendientes (compras, lecturas, relecturas,…)
El borrado me dejó sin tareas pendientes programadas, sólo las que me apeteciera al instante; una liberación, como decía, vaya!

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Acerca del continente

Soy un fetichista de la marginalia textual. Es decir, de los títulos, las dedicatorias, los colofones, las introducciones, los epígrafes y -por supuesto- de las portadas. Soy absolutamente consciente de que el contenido de mis libros no tiene por qué gustarle a todo el mundo, pero al menos aspiro a que el continente no deje indiferente a nadie. Por eso no me duelen prendas a la hora de reconocer que Fernando Vicente ha sido el mejor aliado que he tenido en semejante empeño, porque con toda seguridad más de uno habrá adquirido algún libro mío tan sólo por el hechizo de sus portadas.

“Fernando Vicente, un narrador que pinta”, Fernando Iwasaki, 2007.

(Alguno puede pensar que este blog apenas si existe para hablar de Fernando Vicente, Nabokov, y poco más… que le vamos a hacer, si uno tiene su Olimpo particular).
El anterior texto es uno de los dos que introducen el catálogo de la exposición “Literatura ilustrada”. Ayer pude ver algunos de los originales de esta muestra colgados en el Espacio Sinsentido.
Debo reconocer que iba con cierta precaución: no sería la primera vez en que, tras ver los originales de alguien a quien se admira mucho pero cuyo trabajo sólo se conoce por reproducciones, siento cierta decepción.
Pero, afortunadamente, no fue así, sino todo lo contrario: las reproducciones impresas, aún cumpliendo con creces su objeto, no pueden competir con la visión directa del trazo y su textura, la impresión de los pigmentos y las sombras, el tamaño real, la posición predominante y central en el marco (no subordinada a un artículo en prensa); en resumen, lo que hace “único” (en todos los sentidos) a un original.

Nota (i): encuentro este video con una aparición televisiva de Fernando Vicente en 1984. Lo que andaba buscando era el mini-reportaje que le dedicaron en “Miradas 2″ cuando estrenó la muestra de las Pin-up. ¿Alguien sabe si está on-line?
Nota (ii): al igual que hace unos días con Yves Chaland, me autoimpongo (y de nuevo pongo en duda que vaya a cumplir) la tarea de trabajar en la entrada en la Wikipedia de Fernando Vicente.

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Acerca de la línea (v)

Nota previa (para los nuevos lectores o los, con toda razón dada mi tardanza, olvidadizos): esta es la quinta anotación de una serie, cuyas entradas se van espaciando más y más en el tiempo. Prevista para seis, las anteriores fueron las dedicadas a Max, Chris Ware, Ever Meulen y Pere Joan.

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Mini-serigrafía/marcapáginas de Yves Chaland.

El más talentoso y prometedor autor de historietas de la década de los ochenta fue Yves Chaland, autor de una breve y espléndida obra, dotado de excepcionales talentos como dibujante y narrador, que prometía, para cuando alcanzase la madurez, convertirse en uno de los grandes autores de historietas de todos los tiempos.

“El canon de los comics”, Ignacio Vidal-Folch y Ramón de España, 1996.

Supongo que, pese a no alcanzar la madurez, no se quedo en promesa de uno de los grandes, sino que llegó a serlo, pese a todo.
En cualquier caso, recomiendo desde aquí sus obras completas que ahora edita Glenat en España.

Nota final (para mí): me autoimpongo (ya veremos si cumplo o no) la tarea de trabajar en la entrada en la Wikipedia de Yves Chaland.

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Acerca de la angustia de hablar en público

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Cuando comencé a escribir y publicar libros no se me ocurrió en ningún momento pensar que acabaría siendo invitado a participar en mesas redondas e incluso a dar conferencias. No veo por qué escribir tiene que traer aparejado el hablar en público. Más bien son actividades contrarias, se escribe en soledad y en muchos casos incluso para huir del mundo.

“Sobre la angustia de hablar en público” (incluido en el volumen “Desde la ciudad nerviosa”), Enrique Vila-Matas.
Ilustración de Loredano para “El país”.

Vaya, pues mañana Vila-Matas participa una charla-coloquio en Murcia (espero que no lo pase excesivamente mal). Posiblemente, si ningún imprevisto me lo impide, iré a oirle.

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