24 de Marzo de 2008 a las 11:32 pm
¡Cuántas cosas por hacer! ¡Qué corto el tiempo para hacerlas! El hambre de saber es tan capaz de apremiarnos como cualquier otro afán, si no se domina. Con frecuencia me detengo en medio de la biblioteca y pienso con desesperación en la imposibilidad de llegar a poseer toda la riqueza de hechos e ideas que contienen los libros que me rodean por todas partes. Saco un volumen de su sitio y me siento como si hiciera poco más que cavar con un pico en una enorme cantera. El bedel se pasa los lías en la biblioteca vigilando estrictamente esta catacumba de libros, paseando entre estantes y, sin embargo, no presta atención a los susurros casi audibles de deseo, el deseo de cada libro de que lo tomen y lo lean, de vivir, de nacer en el cerebro de alguien. Incluso entrega los volúmenes sobre el mostrador, los busca en su sitio o los devuelve sin pensar ni una sola vez que un libro es una persona y no una cosa. Me estremezco al pensar que acarrea los Ensayos de Lamb como si fueran fardos.
“El diario de un hombre decepcionado”, W.N.P. Barbellion, 1919. Traducción de Carmen Francí.
W.N.P. Barbellion, cuyo verdadero nombre era Bruce Frederick Cummings, fue un modesto naturalista (ya que, debido a las circunstancias familiares, tuvo una limitada formación académica) y que, aquejado de una penosa esclerórsis múltiple, murió con apenas 30 años. Su lugar en la historia viene dado por la publicación de sus diarios (que comienzan a los trece años, como un cuaderno de notas de historia natural).
La entrada que he copiado es la correspondiente al 3 de octubre de 1907, cuando Barbellion contaba dieciocho años.
En este caso no me puedo ni atribuir el mérito de la selección: dicho fragmento ya estaba resaltado por un lector anterior a mí (el volumen proviene de una biblioteca pública). Es más, ni siquiera lo he tecleado, pues una búsqueda me llevó a alguien que también se me adelantó en esto.
En fin… qué facil me lo ponen.
Más información: entrada en la wikipedia, galería fotográfica, sus diarios en forma de blog y ficha del libro en su edición en castellano (salvo el último de los enlaces, el resto están en inglés).
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22 de Marzo de 2008 a las 6:02 pm
Entrevistador: ¿Qué le sorprende en la vida?
Nabokov: …la maravilla de la conciencia… esa ventana que se abre de pronto a un paisaje bañado por el sol en medio de la noche de la inexistencia.
La anterior cita la encuento, como primera página, al hojear “Los años rusos” de Brian Boyd. Sí conocía (y recodaba) una reescritura de la anterior idea, utilizada por Nabokov para dar comienzo a “Habla Memoria”:
La cuna se balancea sobre el abismo, y el sentido común nos dice que nuestra existencia no es más que una breve rendija de luz entre dos eternidades de tinieblas. Aunque ambas son gemelas idénticas, el hombre, por lo general, contempla el abismo prenatal con más calma que aquel otro hacia el que se dirige (a unas cuatro mil quinientas pulsaciones por hora).
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17 de Marzo de 2008 a las 11:19 pm
Si hace unos días se hablaba aquí sobre David Pearson y las portadas para la Penguin, es de justicia patria que hoy el turno sea para Daniel Gil y los casi cuatro millares de portadas que realizó, desde 1966, para Alianza Editorial.
Hay multitud de artículos y reseñas biográficas sobre este diseñador fácilmente accesibles mediante una simple consulta en su buscador favorito. Me limito a copiar un par de párrafos, respectivamente, de esta y de esta:
El resultado fue una revolución en las portadas de los libros. Portadas llenas de color, de elementos conceptuales, de collages entre fotografía y gráfica… portadas que atraían y vendían libros. De los 25 años que duró la colaboración entre editorial y diseñador surgió una nueva tendencia en el diseño editorial: la portada como escaparate del libro.
Gil nunca se encasilló en un estilo definido, sino que conjugó con frescura elementos clásicos y modernos, tipografías e imágenes, técnicas. El resultado son portadas ajustadas al libro al que acompañan y representan: Composiciones constructivistas, dadaistas, surrealistas, futuristas, minimalistas… la colección de portadas de Daniel Gil sirven para recorrer todas las tendencias de gráfico del Siglo XX.
[...] La fotografía, sin embargo, será un modo de aplanar los ready-mades que protagonizan muchos de sus diseños. Pequeñas esculturas o ensamblajes de raíces dadaístas, surrealistas o pop, gracias a la fotografía se congelan en una imagen simbólica, en apariencia sencilla que, sin embargo, todos adivinamos compleja. [...] a instancias de Jaime Salinas ingresa en Alianza Editorial en calidad de diseñador y para ocuparse -con total libertad- de las cubiertas de sus libros. Allí comienza una aventura editorial, prolongada durante unos veinticinco años y concretada en casi cuatro mil portadas que marcaran una senda de auténtica renovación. Demostrando un talento excepcional, Daniel conseguirá que cada título tenga su propia personalidad sin que se pierda nunca el sello de la editorial. Todo un ejercicio de inteligencia: ser siempre igual y, al mismo tiempo, siempre distinto; ser único y diverso, en una conjunción de fondo y forma, en la que se sintetiza sensibilidad e intelecto y en la que siempre se bordean los límites entre arte y diseño que, por otra parte, este diseñador no percibe en ningún momento.
Hay, por cierto, un libro titulado “Nuestras mejores portadas” que recoge parte del trabajo de Daniel Gil para Alianza.
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13 de Marzo de 2008 a las 8:50 pm
David Pearson es un diseñador londinense especializado, sobre todo, en el diseño de libros, autor de las tres cubiertas reproducidas arriba.
En su sitio web (enlace, una vez más, vía efímera) se pueden encontrar innumerables muestras de su trabajo (la mayoría para la editorial británica Penguin).
Si bien, miradas de forma individual, sus portadas son fantásticas, es en el diseño de las series de libros donde podemos apreciar su obra en todo su esplendor (¡vivan las frases hechas, por el esfuerzo intelectual que nos ahorran!).
Nota I: hay, al menos que yo conozca, dos (meta)libros de Penguin dedicados a las portadas de esta editorial, “Seven hundred penguins” y “Penguin by design”.
Nota II: si practicamente todo lo anterior está dedicado a glosar las bondades del diseño de portadas, la sorpresa salta con esta serie de libros, “My penguin”, en que estas están completamente en blanco con vistas a que sea el lector el que las diseñe y dibuje a su antojo (“We print the words, you do the covers” es el lema).
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9 de Marzo de 2008 a las 8:45 pm
Se ha pensado -en ese vivir por fuera que se acostumbra- que el “retrato” es un… género, como se ha pensado que lo es también el “paisaje” y eso otro que suelen llamar “naturaleza muerta”; pero el retrato no es un género, un género especial dentro de la pintura, un apartado suyo, ni siquiera un tema suyo; el retrato es tan sólo un fragmento de esa totalidad que viene a ser la naturaleza real viva; una naturaleza que no podemos abarcar de una vez y afrontaremos por lo tanto poco a poco, trozo a trozo, sin que por esto ella deje de ser única, sola, indivisible.
Pintura: “Homenaje a los grandes retratistas”, Ramón Gaya, 1980.
Texto: “El Retrato”, Ramón Gaya, 1981.
Alguién me dijo una vez que no le cuadraba mucho, teniendo en cuenta el resto de mis gustos, mi entusiasmo por Ramón Gaya.
La verdad es que puede que tuviera razón, que sea un rara avis comparada con mis otras preferencias, pero la verdad es que disfruto mucho tanto sus pinturas como sus textos (y no sabría decir, si tuviera que elegir, por cuál de estas disciplinas decantarme).
Todo esto viene a cuento porque este fin de semana he descubierto este interesántisimo blog dedicado a Ramón Gaya, con pinturas, textos, manuscritos, fotografías y otros materiales (de esta entrada están sacados la pintura y el texto que incluí más arriba).
También son más que interesantes ramongaya.com y www.museoramongaya.es.
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