Me fuerzo a escribir hoy aquí, que ya pasan casi dos semanas desde la última vez; para facilitar la tarea, tiro de agenda.
En esta aparece marcada la inaguración, mañana, del 26 Saló del Comic de Barcelona, además leía aquí acerca de la publicación del decimoquinto tomo del “Salón de los pasos perdidos” de Trapiello. Sumando ambos, en total, 41 salones que bien valen una anotación.
El Saló (al que no iré este año; aunque siempre tengo ganas, luego me supone una decepción) es un tema agradecido; se pone una ilustración de un autor admirado, y el post queda bonito.
Aprovechando que viene Giardino, uno de los muy grandes, y que se publica estos días el tercer volumen de su “No pasarán”, optaré por su elegancia, tanto en el trazo como en la escritura, y será suya la ilustración, así como un texto sacado de un díalogo de su “Rapsodia Húngara”.
“No pasarán”, Vitorio Giardino.
- No se deje engañar por su aire seguro, tranquilizador. En realidad es frío como un pez. Como un témpano si prefiere la retórica.
- ¡¡Oh, no!! ¡No es así, estoy segura!
- ¡Santo cielo! ¿Se ha enamorado?
- ¿De Max? ¿Bromea?
- Pero … sí que es grave. ¿Tanto le gusta?
“Rapsodia Húngara”, Vitorio Giardino, 1981.
Siguiendo con las citas, esta última obra (al menos en la edición que yo tengo) se abre con la siguiente, también digna de ser copiada:
El peligro formaba parte de él. No al modo de un abrigo del que uno se desembaraza de vez en cuando, sino como la piel. Se muere con ella.
Graham Greene.
Y, para terminar esta anotación (casi se podría decir que un ejemplo de escritura automática), retorno al principio, a lo prometido, al “Salón de los pasos perdidos” y pego este fragmento del segundo de los tomos, el cual me permitirá un cierre geográficamente circular:
Hacía diez años que no venía a Barcelona. Camino del hotel, desde la estación, somnoliento todavía a causa de una mala noche de coche cama, miraba por la ventanilla del taxi las casas, la gente, las tiendas, que estaban en ese momento todavía cerradas la mayoría.
“¿Me gustará la ciudad?”, me preguntaba con cierta inquietud. Yo esa inquietud no la entendía bien, porque si Barcelona no me gustaba, ¿perdía algo acaso? Hay otros muchos pueblos que me gustan. La inquietud debía provenir, digo yo, de que es siempre más fácil vivir positivamente la vida, que no al contrario. Dices: Me gusta Londres, y a nadie le extraña eso. Como sostengas que no te gusta Londres, debes estar dispuesto a soportar toda la vida voces predicadoras que tratarán de restituirte al rebaño.
“Locuras sin fundamento”, Andrés Trapiello (publicado en 1992, correspondiente a los diarios de 1988).