Anotaciones publicadas en Abril de 2008

Acerca de la piel

Espectaculares ilustraciones, con un marcado estilo sesentero, de Michael Gillete para una futura edición de Penguin UK, aprovechando el centenario del nacimiento de Ian Fleming, de las novelas de James Bond.

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Se pueden ver todas aquí (vía a desgana).

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Acerca de la intertextualidad

Ayer, para volver a poner esto en marcha después de un tiempo, tiré (como suele ser costumbre) de imágenes y textos ajenos.
Uno de los fragmentos copiados provenía de “Locuras sin fundamento” de Andrés Trapiello. Luego, ya por mero gusto, seguí hojeándolo y encontré este otro párrafo que viene como anillo al dedo:

Cuando no sepas qué escribir, cuando te llegue uno de esos días tristes, toma el libro de otro y copia. Escribe de nuevo Don Quijote o À la recherche, sin cambiar una coma, o aquello que en ese momento te dicte tu gusto o tu tristeza. Siempre habrá alguien que lo lea en tí por vez primera.

“Locuras sin fundamento”, Andrés Trapiello (publicado en 1992, correspondiente a los diarios de 1988).

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Acerca de los salones

Me fuerzo a escribir hoy aquí, que ya pasan casi dos semanas desde la última vez; para facilitar la tarea, tiro de agenda.
En esta aparece marcada la inaguración, mañana, del 26 Saló del Comic de Barcelona, además leía aquí acerca de la publicación del decimoquinto tomo del “Salón de los pasos perdidos” de Trapiello. Sumando ambos, en total, 41 salones que bien valen una anotación.

El Saló (al que no iré este año; aunque siempre tengo ganas, luego me supone una decepción) es un tema agradecido; se pone una ilustración de un autor admirado, y el post queda bonito.
Aprovechando que viene Giardino, uno de los muy grandes, y que se publica estos días el tercer volumen de su “No pasarán”, optaré por su elegancia, tanto en el trazo como en la escritura, y será suya la ilustración, así como un texto sacado de un díalogo de su “Rapsodia Húngara”.

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“No pasarán”, Vitorio Giardino.

- No se deje engañar por su aire seguro, tranquilizador. En realidad es frío como un pez. Como un témpano si prefiere la retórica.
- ¡¡Oh, no!! ¡No es así, estoy segura!
- ¡Santo cielo! ¿Se ha enamorado?
- ¿De Max? ¿Bromea?
- Pero … sí que es grave. ¿Tanto le gusta?

“Rapsodia Húngara”, Vitorio Giardino, 1981.

Siguiendo con las citas, esta última obra (al menos en la edición que yo tengo) se abre con la siguiente, también digna de ser copiada:

El peligro formaba parte de él. No al modo de un abrigo del que uno se desembaraza de vez en cuando, sino como la piel. Se muere con ella.

Graham Greene.

Y, para terminar esta anotación (casi se podría decir que un ejemplo de escritura automática), retorno al principio, a lo prometido, al “Salón de los pasos perdidos” y pego este fragmento del segundo de los tomos, el cual me permitirá un cierre geográficamente circular:

Hacía diez años que no venía a Barcelona. Camino del hotel, desde la estación, somnoliento todavía a causa de una mala noche de coche cama, miraba por la ventanilla del taxi las casas, la gente, las tiendas, que estaban en ese momento todavía cerradas la mayoría.
“¿Me gustará la ciudad?”, me preguntaba con cierta inquietud. Yo esa inquietud no la entendía bien, porque si Barcelona no me gustaba, ¿perdía algo acaso? Hay otros muchos pueblos que me gustan. La inquietud debía provenir, digo yo, de que es siempre más fácil vivir positivamente la vida, que no al contrario. Dices: Me gusta Londres, y a nadie le extraña eso. Como sostengas que no te gusta Londres, debes estar dispuesto a soportar toda la vida voces predicadoras que tratarán de restituirte al rebaño.

“Locuras sin fundamento”, Andrés Trapiello (publicado en 1992, correspondiente a los diarios de 1988).

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Acerca de la gallardía

Volví a dibujar otra vez, esta vez no para mí, sino para ella: elefantes, soles, muchos soles, enanitos, brujas (a María le encantan las brujas y las reinas malvadas de las pelis de dibujos animados), y yo me alegraba de verla fascinada por el trazo del rotulador, que subía y bajaba por el papel, contento de que mis dibujos hicieran sonreir a María.

Miguel A. Gallardo, en el artículo “María y yo” publicado en el suplemento “Salud” del diario “El País” del 9 de febrero de 2008.

Lo anterior lo escribe el ilustrador y dibujante Miguel A. Gallardo.
María es su hija, autista.
Y el dibujo, además de su forma de ganarse la vida como ilustrador profesional, se ha convertido en una importante herramienta de comunicación con su hija, ayudando a superar las limitaciones de aprendizaje de esta.
“María y yo”, además del título del artículo de donde he extractado las anteriores líneas, es el libro que ha dibujado Gallardo contando la relación con su hija. Tierno y divertido, pero alejado de la sensiblería: muy recomendable.

He copiado este fragmento, en el que se hace referencia a como María mira embelesada el movimiento del rotulador del que termina surgiendo un dibujo, porque ayer a quien Gallardo hizo felíz fue a mí, pues fuí testigo de cómo bajo el trazo aparecía una ilustración/dedicatoria.

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El libro en que, ya para siempre, se encuentra el anterior dibujo es “Un largo silencio”, en que Gallardo publica los diarios de su padre, represaliado trás la Guerra Cívil, acompañándolos de ilustraciones propias y algunas páginas de historieta.

Mi padre es un héroe. No de esos que salen en las películas, ni un héroe de esas novelas baratas que él guardaba en el segundo cajón de su mesa en la oficina. Su hazaña ha sido sobrevivir, sobrevivir para enamorarse de mi madre, para que yo y mi hermano estemos aquí, sobrevivir para hacer amigos, para leer, para reír… Para todo ello mi padre se tuvo que convertir en una sombra durante mucho tiempo y las sombras no tienen voz. Ahora yo le presto una voz pequeña, que es la suya. Mi padre estuvo 40 años callado como una tumba, intentando no decir una palabra más alta que la otra. Todos estos años yo creí que se escondía de la vida. Cuando al final abrió la boca, fue para repetir una y otra vez la misma historia. Una historia que, a fuerza de oír, se me ha quedado grabada y que me ha descubierto al hombre detrás de la sombra.
Esta es la historia que me contó mi padre una y otra vez, hecha de trozos y retales, de piezas que no encajan, pero que yo sé que es cierta, y así voy a intentar contarla, dándole a mi padre una voz. Una voz que cuenta una parte de la historia cada vez más olvidada, pero que los que la vivieron no la olvidarán jamás. Mi padre fue uno de ellos y este libro está dedicado a él, para devolverle el regalo que me hizo enseñándome su vida y la dignidad y honradez que esconde.

Cuando llegó mi turno en la sesión de firmas y le entregué mi copia de “Un largo silencio”, creo que le hizo cierta ilusión encontrarse con dicho volumen; un librito, de evidente valor sentimental para Gallardo, primorosamente editado, que se publicó hace unos diez años y que pasó bastante despercibido (hace poco hubo una segunda edición).
Lo anterior fue el colofón de una charla que dió Garllardo en Murcia, en la Biblioteca Regional. Y debo decir (aunque esto parece un panegírico, pero es que fue así, disfruté como un enano) que la charla también me pareció fantástica.

Ya, para terminar, y para quien no conozca a Gallardo, unos cuantos enlaces:

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