Acerca de las hermanas

Leo estos días “Momentos de vida”, un volumen que recoge varios textos de caracter autobiográfico de Virginia Woolf. Aunque no sé si la partícula “auto” es la más correcta, pues el foco no está tanto en ella misma, como en los que le rodean: su madre, su padre y sus hermanos y medio-hermanos.
Entre ellos, claro, una de las retratadas más destacadas es su hermana Vanessa Bell (en la fotografía, a la izquierda; V. Woolf, no hace falta decirlo porque esa imagen ha sido reproducida hasta la saciedad, a la derecha).
A la hora de ponerme a copiar un fragmento, no he encontrado un párrafo que, en el momento de leerlo, me gusto especialmente. Copio estos dos que, centrados en la infancia y juventud de Vanessa, ya adelantan que se convertiría en una pintora. De paso, esto me permite incluir, más abajo, un lienzo suyo.
[...] Pero bajo la superficie de seriedad, solo legítimamente quebrada por tales gustos, ardía otra pasión, la pasión por el arte. Dibujaba, efectivamente, bajo la dirección de un tal señor Cook, pero nunca habló de arte, ni de sus dotes y amores. ¿En qué pensaba, pues? Con sus largos dedos agrupados y la vista penetrante, seguramente pintó muchos cuadros, sin lienzo. Una vez la ví trazar sobre una puerta negra un gran amasijo de líneas con tiza blanca. “Cuando sea una famosa pintora…”, empezó a decir, y luego le entró la timidez y borró lo dibujado, con la eficacia habitual en ella.
[...] Evidentemente, Vanessa, con sus vestido blanco de satén hecho por la señora Young, luciendo una sola e impecable amatista colgada de cuello y una mariposa de esmalte azul en el cabello -regalos del mismo George, claro está-, hermosa, sin madre, con sólo dieciocho años, constituía un conmovedor espectáculo, un hornamento para cualquier mesa, una duquesa en potencia, por lo que podía hacerse cualquier cosa con el precioso material del que Vanessa estaba construida, al menos externamente. [...] Desdichadamente, lo que Vanessa llevaba dentro de sí no se correspondía con su aspecto exterior. Bajo las gargantillas y las mariposas de esmalte alentaba un apasionado deseo: deseo de pintura y aguarrás, aguarrás y pintura.

