Anotaciones publicadas en Noviembre de 2008

Acerca de las tendencias

Uno, durante las últimas semanas, tiene la impresión de que no es posible leer el periódico sin encontrarse, artículo tras artículo, y en grandes titulares, con Keynes.
Dando por sentado que la tendencia está ahí, trato de comprobar cuan pronunciada es esta.
Para empezar, busco en elpais.com los artículos que contengan la palabra “keynes”: 27 en el último mes. Por comparar, durante las mismas fechas del año pasado, sólo apareció en 2 artículos, misma cantidad que en esos días de 2006.

Doy un paso más, dejando lo local, y busco datos en Google Trends (aquí miro la cadena “maynard keynes” porque “keynes” se presta a confusión con la localidad británica Milton Keynes); la presencia del economista en los artículos de prensa indexados por el motor de búsqueda muestra una escalada nada casual en los últimos meses:

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Sigo investigando; la entrada dedicada a Keynes en la wikipedia inglesa lleva nada menos que 68 ediciones a lo largo de noviembre.
Parece que, efectivamente, ha vuelto y, al menos por un tiempo, para quedarse.

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Caricatura de John Maynard Keynes, realizada por Loredano. Publicada en “Babelia” el 23 de septiembre de 2006.

Cenamos con Lydia y Maynard: dos parejas maduras, sin hijos, distinguidas. Ambos son educados y admirables. El gris ha aparecido en las sienes de Maynard. Está más guapo ahora; con nosotros, ni pomposo ni importante; sencillo, su mente siempre activa, sobre los rusos, bolcheviques, las glándulas, las genealogías; siempre es prueba de una mente notable cuando se desborda de ese modo, vigorosamente, por caminos secundarios. Hay dos linajes reales en Inglaterra, dice, de los cuales desciende todo el intelecto. Analizará el tema como si de ello dependiera su fortuna. Lydia es tranquila controlada. Dice cosas muy sensatas.

Parte de la entrada del 21 de abril de 1928 de los diarios de Virginia Woolf.

Fue precisamente su relación con la Woolf y su pertenencia al grupo de Bloomsbury lo que me llevó a leer (algo que, casi seguro, no había hecho en otras circunstancias) un par de libros suyos. Me he decantado, sin embargo, por pegar el anterior párrafo, que, aún no siendo suyo, lo retrata (muy positivamente).

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Acerca de los libros (ii, Desde África)

La mayoría de los libros que tengo de Kapuściński son, evidentemente, periodístico-narrativos. Su edición es correcta, pero no es lo que voy buscando en las entradas de esta serie.
Otro de sus libros, sin embargo, sí que es adecuado: “Desde África”, una selección de las fotografías realizadas por el polaco (no es que tenga dos ejemplares, como parece en la fotografía inferior, bueno sí, pero sólo temporalmente, pues uno de ellos va a ser regalado en breve).

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Todo empezó hace tiempo, ya en la infancia, cuando tuve la triste certeza de carecer de cualquier habilidad para el dibujo. Tantas cosas extraordinarias como ocurren a mi alrededor y yo no puedo conservarlas, fijarlas, pensaba para mis adentros. Veía el bosque, los campos de cereal, las flores, pero sobre todo los rostros de mis padres, de los muchachos de mi edad, de los vecinos; si supiera dibujarlos, soñaba, para así perpetuarlos, darles eternidad. Esto pasaba por los años de la guerra en una pobre aldea cerca de Varsovia. El mundo iba pasando para desaparecer en algún sitio, tras un horizonte invisible, dejando en mi memoria sólo débiles huellas que no tardaban en borrarse y desvanecerse definitivamente. En aquellos momentos ni siquiera sospechaba que más adelante sería una cámara fotográfica lo que daría solución a mi problema.

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La fotografía es por naturaleza algo sentimental porque sólo podemos fijarla por un instante, por lo general una fracción de segundo, y porque al mirarla somos conscientes de que los momentos en ella mostrados han pasado irremisiblemente, somos conscientes de estar contemplando un tiempo pretérito, que ha dejado de existir. Toda fotografía es pues un recuerdo; nada comunica mejor la fragilidad del tiempo y su naturaleza inestable y efímera que una fotografía. Por eso mismo cada vez que abro mi cámara fotográfica siento alegría porque voy a aprehender el tiempo que fluye, y al mismo tiempo tristeza porque después de tantas andanzas sólo me quedará en las manos un trozo de papel coloreado.

Ambas citas son del propio Kapuściński en prólogo del libro “Desde África”, Edicola-62 (traducción de Pilar Gil Cánovas); hay dos ediciones, en tapa dura y blanda, pero me parece que ambas están agotadas.

Y ya que me he extendido con un libro, de fotografía, poco habitual del escritor polaco, se me va a permitir que salte a otro aún menos habitual, “Poesía Completa” (Bartleby editores, edición bilingüe con traducción de Abel A. Murcia Soriano), copiando un poema (casi al azar, tras apenas una lectura diagonal de 3 ó 4, pero que queda bastante bien en esta anotación):

Permanece aquel que ha creado su mundo.
Dios existe porque creó su mundo,
Homero existe porque creó su mundo,
Y Miguel Ángel, y Mozart.
Rafael creó muchas figuras, todas ellas viven.

Se arremolinan los monstruos de El Bosco.
Las mujeres de Renoir muestran sus cuerpos,
son bellas.
Cantan los gallos de Chagall, sus terneras retozan por el cielo.
Don Quijote compone su armadura, Sancho Panza no deja de filosofar.

¿Cuántos mundos nacerán aún?
¿Cuántos personajes?
¿Cuántos animales?

¿Una segunda Arca de Noé?

Nada mejor para terminar esta entrada construida, como casi siempre, a base de corta y pega, que el retrato de Kapuściński que hizo Fernando Vicente para la revista Bostezo (y que supone la unión de dos los favoritos de esta bitácora).
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Acerca de los libros (i, estampas japonesas)

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Comienzo la serie por unos cuantos, cuatro, libros dedicados a los grabados japoneses. Hace algún tiempo era un tema que me tenía completamente absorto.

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El primero de los volúmenes (al que pertenecen tanto la fotografía superior como la inferior) es “Visions of Japan. Kawase Hasui’s Masterpieces” y, como indica el título, está dedicado al trabajo de ilustrador Kawase Hasui.

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Traduzco (sin intento de literalidad) un fragmento de uno de los ensayos que incluye:

Desde la distancia, la vida y el arte de Kawase Hasui parecen casi trascendentalmente serenas. Comparado con muchos artistas de su época, y especialmente frente a los cambios que sacudieron Japón durante su vida, esta consistencia vital y estética es excepcional. Entre los casi 600 grabados de paisajes realizados durante sus cuarenta años de carrera, sus escenas rurales exploran una gran variedad de estados de ánimo, pero evidencian una visión consistente. Esta coherencia estética, remarcable en cualquier era, era aún más extraordinaria en el Japón del siglo XX. Durante la vida de Hasui (1883-1957) la nación continuó su transformación en una moderna potencia urbana e industrial [...] Personalmente, Hasui era un hombre de gustos clásicos que prefería vestir kimono, beber sake, acudir a representaciones de kabuki y cantar canciones No.

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El siguiente libro es “Printed to perfection. Twentieth-century Japanese Prints from the Robert O. Muller Collection”. El subtítulo ya dice bastante: muestra las obras del coleccionista norteamericano Robert O. Muller. Está compuesto por grabados Shin-hanga (grabados japoneses del siglo XX en que, pese a algunas actualizaciones, se sigue la tradición de los clásicos ukiyo-e, principalmente la divisón de tareas entre ilustrador, grabador e impresor).
Las páginas que aparecen en la fotografía superior muestran grabados de Ito Shinsui (1898-1972).

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La fotografía superior está realizada al volumen “Grabados japoneses” de Gabriele Fahr-Becker, editado por Taschen.
Supone un paso hacia atrás en el tiempo, pues trata de los “clásicos”: Ukiyo-e (siglos XVII-XIX). Como no podía ser de otra forma, en la portada aparece la omnipresente ola de Hokusai.
En la fotografía, el libro está abierto por páginas que muestran grabados de Isoda Koryusai.

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El último de los libros, “Flores de Edo, samuráis, artistas y geishas”, es el catálogo de una exposición de grabados que mostraba el fondo de la Universidad Complutense de Madrid y que ví a finales de 2004.
Más que el catálogo en sí (de muy cuidada edición), lo que me queda es el recuerdo de los colores de los originales: perdido en las reproducciones en libros y, totalmente, inapreciable en las fotografías aquí incluidas.

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Acerca de los libros (introducción)

Siguiendo un esquema similar a la serie de anotaciones dedicadas a los marcapáginas (cuya primera entrada, incluyendo enlaces al resto, se puede encontrar aquí) voy a comenzar otra dedicada a fotografiar algunos de los libros que tengo danzando por casa.

Podemos decir que, además de cierta bibliofilia acompañada de un amor por lo gráfico que me afectan e incumben a ambos casos, las similitudes acaban aquí.
Mientras la primera era muy ordenadita, esta será más inconexa: algunos días irá un libro, otros días un grupo. En unas entradas aparecerán más fotografías, en otras menos. Unas sólo incluirán estas, mientras en otras irán acompañadas de fragmentos de los libros o comentarios míos.
Mientras la primera fue publicada de forma continua durante diez días, esta vez no ocurrirá eso ni mucho menos: no tengo previsto ni duración ni periodicidad; de hecho, en el momento de comenzar sólo tengo preparada (y pensada) la primera entrada. El resto, según tenga ganas, tiempo y, sobre todo, ideas.

Dejo ya de divagar en esta presentación, para ponerme con la primera entrada de la serie.

Nota i: soy un pésimo fotógrafo, lo siento (aunque realmente, en vez de sentirlo debería sentir vergüenza de publicar estas fotografías).
Nota ii: esta serie tiene una clara influencia, el blog “Book by its cover”, que ya comenté aquí hace tiempo y, ante el cual, mis balbuceantes intentos palidecen. Así que, ya saben, abran una nueva pestaña en su navegador y visítenlo.

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Acerca de lo venidero

No aparecen por este blog anotaciones relativas a avances editoriales, pero cualquier obra salida del lapicero de Chris Ware siempre tendrá su sitio aquí.
Y, desde la semana pasada, ya está a la venta el número 19 del Acme Novelty Library, cortesía de Drawn & Quaterly.
Disfruten, señores y señoras, mientras se acercan una y otra vez al buzón a comprobar la llegada del paquete de amazon (o su tienda on-line preferida, que tampoco quiero hacer publicidad gratuita), del texto promocional y sendos escaneos de una página interior y la contraportada.

The penultimate teen issue of the ACME Novelty Library appears this autumn with a new chapter from the electrifying experimental narrative “Rusty Brown,” which examines the life, work and teaching techniques of one of its central real-life protagonists, W. K. Brown. A previously marginal figure in the world of speculative fiction, Brown’s widely-anthologized first story “The Seeing Eye Dogs of Mars” garnered him instant acclaim and the coveted White Dwarf Award for Best New Writer when it first appeared in the pages of Nebulous in the late 1950s, but his star was quickly eclipsed by the rise of such talents as Anton Jones, J. Sterling Imbroglio and others of the so-called “psychovisionary” movement. (Modern scholarship concedes, however, that they now owe a not inconsequential aesthetic debt to Brown.)

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New surprises and discoveries concerning the now-legendarily reclusive and increasingly influential writer mark this nineteenth number of the ACME Novelty Library, itself a regular award-winning periodical, lauded for its clear lettering and agreeable coloring, which, as any cultured reader knows, are cornerstones of any genuinely serious literary effort.

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Full color, seventy-eight pages, with hardbound covers, full indicia, and glue, the ACME Novelty Library offers its readers a satisfying, if not thrilling, rocket ride into the world of unkempt imagination and pulse-pounding excitement

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