Anotaciones publicadas en Enero de 2009

Acerca de los libros (v, belleza y fealdad)

“Historia de la belleza” e “Historia de la fealdad” (ambos a cargo, que no escritos de forma completa, de Umberto Eco, editados en España por Lumen) son los libros que aparecen en la quinta entrada de esta serie.
Las fotos que aparecen a la izquierda corresponden al primero de estos volúmenes y las de la derecha al segundo de ellos (aunque, creo, sobra decirlo). Las citas también están copiadas de ambos libros.

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Si bien es cierto que belleza y fealdad, más aún que dulzura y amargura, no son cualidades de los objetos sino que pertenecen enteramente al sentimiento interno o externo, hay que admitir que existen ciertas cualidades en los objetos que están adaptadas por naturaleza para suscitar esos sentimientos específicos.

David Hume, “Ensayos morales, políticos y literarios”, c. 1745.

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Y la falta de gracia, de ritmo y de armonía se hermanan con el lenguaje grosero y con el mal carácter, en tanto que las cualidades contrarias se hermanan con el carácter opuesto, que es bueno y sabio, y al cual representan [...] Por consiguiente, no solo a los poetas hemos de supervisar y forzar en sus poemas imágenes de buen cáracter -o, en caso contrario, no permitirles componer poemas en nuestro Estado-, sino que debemos supervisar también a los demás artesanos, e impedirles representar, en las imitaciones de seres vivos, lo malicioso, lo intemperante, lo servil y lo indecente, así como tampoco en las edificaciones o en cualquier otro producto artesanal. Y al que no sea capaz de ello no se le permitirá ejercer su arte en nuestro Estado, para evitar que nuestros guardianes crezcan entre imágenes del vicio como entre malas hierbas, que arracarán día tras día en muchos lugares, y pacieran poco a poco, sin percatarse de que están acumulando un gran mal en sus almas.

Platón, “República”.

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Acerca de la wikipedia (iii)

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Por cuestiones que ahora no vienen al caso (aunque, tal vez, en el futuro tire de ellas para anotar una entrada por aquí) ayer ví que no existía entrada en la wikipedia en castellano para el ilustrador e historietista canadiente Seth (de nombre real, Gregory Gallant).
Así que me he puesto manos a la obra y, basándome en la entrada e inglés (tres partes de traducción, una de reorganización y otra de tijera), ya está disponible el artículo en http://es.wikipedia.org/wiki/Seth_(autor).

(Cuando estaba terminando de escribirla he recordado, ¡vaya cabeza que tengo!, que hace años, más o menos por el dos mil, cuando comenzaba a publicar mis primeras cosillas en internet, ya intenté escribr un esbozo de la vida y obra de Seth; tras releerlo, veo que hay mucha menos información pero la esencia está ahí…)

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Acerca de los libros (iv, Chris Ware)

Pocos volúmenes puede haber más adecuados para esta serie de anotaciones agrupadas bajo el título de “Acerca de los libros” que aquellos que componen la obra del dibujante estadounidense Chris Ware.
Copio estas líneas que escribí hace tiempo para su entrada en la wikipedia en castellano:

Si bien cada una de las páginas de historieta que componen la obra de Ware son completamente identificables, no lo es menos el continente: la publicación que las agrupa y el diseño que les da coherencia. Lo primero que llama la atención es la diversidad de tamaños y formatos: desde publicaciones minúsculas a tomos de proporciones inabarcables. Además de las historietas en sí, Ware incluye páginas repletas de larguísimos textos, anuncios que intentan vender los más bizarros productos o recortables, todo ello de acuerdo al estilo de las publicaciones de principios y mediados de siglo XX. Así, aunque las historietas de Ware son, a veces, publicadas una y otra vez en distintos formatos (primero en prensa, luego en el The Acme Novelty Library y finalmente en volúmenes recopilatorios), su significado cambia en función del continente, convirtiéndose en una nueva lectura.

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A la izquierda, una amalgama de las publicaciones de Ware.
En la derecha he seleccionado, de entre los primeros números del “Acme Novelty Library”, aquellos de formato más pequeño (unos 15×15 cm. aprox.; fueron publicados, más o menos, durante la primera mitad de la década pasada).

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A la izquierda, un ejemplo del diseño interior: aparte de la historieta, textos interminables, anuncios de productos inimaginables, recortables, etc…
A la derecha, una de las páginas habituales en los primeros números: blanco y negro, publicadas originalmente como planchas de prensa, poco texto, múltiples viñetas y lectura no necesariamente secuencial.

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A la izquierda, los “Acme Novelty Library” más grandes. El séptimo volumen, subtitulado adecuadamente “Great Big Book of Jokes” (1996) se acerca a los 46 cm. de alto: ¡no hay estantería que se adecue a esta disparidad de tamaños!
En la derecha, la contraportada del número 4 (1994), un típico ejemplo donde el texto y la tipografía tienen tanta importancia como el dibujo.

En resumen los cómics son un mapa de la cuarta dimensión, compuestos no sólo de la intersección de palabras y dibujos, sino también de palabras que actuan como dibujos y dibujos que actuan como palabras, con el color y la composición dando forma al mapa con su propia estructura y significado emocional. Esto requiere que Ware sea no sólo un escritor, un dibujante y un pintor -un ilustrador, si se prefiere- sino también un calígrafo, un tipógrafo y, para juntar todas las artes, un diseñador gráfico

Daniel Raeburn, en el libro teórico “Chris Ware” (la traducción, por la que pido perdón con antelación, es mía).

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A partir de la serialización de la historia de Jimmy Corrigan (cuya recopilación en novela gráfica sea, posiblemente, el cómic más premiado y citado, desde dentro y fuera del medio, desde el “Maus” de Spiegelman) y la, actualmente en marcha, de Rusty Brown, los formatos han perdido variabilidad, siendo habitual el cuadernillo apaisado, con “tapa dura”, y se ha reducido el material que no corresponde a historieta (textos, anuncios, etc…)

Sin embargo, no es el “marco” el que interesa en este punto sino las historietas en sí: ejemplos transparentes y extremos de lo que significa ocupar una posición de vanguardia orientada específicamente hacia el espacio de la historieta: cada relato de Ware es una lección acerca de los límites y las posibilidades formales del medio (desde la construcción de sus herramientas más o menos codificadas hasta sus límites físicos) y una discusión sobre su historia y sus elecciones temáticas. Un inventario de los recursos de Chris Ware muestra como estas preocupaciones constituyen su obra y pueden imaginarse –desearse- como alimento de una historieta futura.
En principio, Ware opera sobre el repertorio de recursos y códigos específicos producidos por la historieta. Hay una pretensión de recrear ese espacio de libertad en el uso de un «lenguaje visual distintivo», propio de los historietistas pioneros. En las páginas de ACME… Ware desarrolla esta suerte de refundación del medio a través de una serie de prácticas, sobre las que se muestra extraordinariamente consciente y reflexivo, de una enorme riqueza teórica: no es casual que su obra sea una suerte de paraíso para críticos y, es de temer, nuestro futuro lugar común.
[...]
Ware realiza además una fundamental distinción relativa al dibujo, entre “drawing” y “cartooning”: el dibujo de historietas (el “cartooning”) pretende la construcción de un sistema de símbolos pensado para la narración: «Pienso que el dibujo, o al menos el buen dibujo, es acerca tratar de ver. (…) Y los dibujos de historieta –por la propia naturaleza del modo en que son usados como símbolos—en buena medida no son realmente dibujos, debido a que la información que tienen es tan rudimentaria, o conceptual.». Ware utiliza el dibujo, en particular en el Jimmy Corrigan, como una escritura, una articulación de signos. Valga como ejemplo la construcción de los espacios, en particular los interiores, realizada a partir de proyecciones axonométricas, propias del dibujo arquitectónico: deja de lado la perspectiva ilusionista por un modo de representación que privilegia la claridad expositiva por sobre la mímesis. Ware, que es un enorme dibujante, propone un definitivo antídoto contra las veleidades plásticas de la historieta.

Federico Reggiani en este artículo de Tebeosfera.

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La última frase de la cita anterior decía que Ware es un enorme dibujante.
Los dos volúmenes de arriba corresponden a la edición facsímil de sus cuadernos de bocetos, “The Acme Novelty Library Datebook (1986-1995)” y “The Acme Novelty Library Datebook (1995-2002)”: dos tomos de primorosa factura que muestran que, efectivamente, las capacidades de Ware para el dibujo clásico son indiscutibles, siendo una decisión consciente el abandonarlas en la historieta con vistas la obtención de unos objetivos narrativos y expresivos; al tiempo, las notas manuscritas y pequeñas historietas que se incluyen dejan a las claras las neuras del autor (y que explican muchas cosas del tono de su obra: abandono, desaliento, soledad, falta de comunicación, incomprensión, inseguridad, …)

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Las anteriores cuatro fotografías corresponden al volumen recopilatorio “The Acme Novelty Library” (Pantheon Books, 2005).
Una selección de su obra en una joya de libro y que, consecuentemente, constituye un ejemplo condensado de todo lo dicho en esta anotación.

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Y, para terminar, una curiosidad que tengo la suerte de poseer.
Si decía al principio que el tamaño de los “Acme Novelty Library” era de lo más variado, desde enormes hasta minúsculos, estas últimas fotografías corresponden a un tebeito que se lleva la palma: 5×6 cm. y 12 páginas.
Realizado para la librería y galería Lambiek (Amsterdam) es, sin lugar a dudas, lo que se puede catalogar de volumen de bolsillo.

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Acerca de las bitácoras ilustradas (ii)

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Algunos sitios web (bitácoras o no, a pesar de lo que diga el título) descubiertos ultimamente y en que la ilustración ocupan un lugar destacado:

  • Today’s Inspiration: Ilustraciones de los años 40 y 50 recopiladas por Leif Peng.

  • James Jean: de especial interés la sección de los cuadernos de apuntes.
  • La niña polilla: “ilustración, diseño y más”, a cargo de María García Simavilla.

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Acerca de los puentes

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“El puente de Ohashi: chaparrón repentino cerca de Atake”, Hiroshige Utagawa, 1857.

Extraño planeta y extrañas las gentes que aquí viven.
Sucumben al tiempo, pero sin querer admitirlo.
Tienen sus trucos para expresar su desacuerdo.
Crean imágenes como por ejemplo ésta:

Nada de particular a primera vista.
Se ve el agua.
Se ve una de sus orillas.
Se ve una piragua que avanza penosamente río arriba.
Se ve un puente sobre el agua y se ven hombres en el puente.
Los hombres aprietan visiblemente el paso,
porque comienza a azotarlos la lluvia
que cae de una nube oscura.

Pero ya no sucede nada más.
La nube no cambia de color ni de forma.
La lluvia no arrecia ni amaina.
La piragua navega sin moverse.
Los hombres del puente corren
hacia donde antes corrían.

Imposible evitar un comentario.
No se trata de un cuadro inocente.
Aquí el tiempo ha sido detenido.
Se han obviado sus leyes.
Se le ha privado de influencia en el curso de los acontecimientos.
Ha sido menospreciado y ha sido ultrajado.

A causa de un rebelde,
un tal Hiroshige Utagawa
(individuo que, por cierto,
expiró como es debido hace ya mucho tiempo),
el tiempo ha tropezado y ha caído al suelo.

Tal vez se trate de una travesura sin importancia,
un exceso a escala de apenas un par de galaxias,
no obstante y por si acaso
añadamos lo siguiente:

Aquí suele ser de buen tono
valorar en mucho este cuadro,
admirarlo con emoción desde hace generaciones.

Hay quienes van más lejos.
Incluso oyen el rumor de la lluvia,
sienten las frías gotas en la espalda y en la nuca,
miran el puente y a los hombres
como si se vieran allí retratados,
en esa carrera que nunca llega al fin
de un camino sin fin eternamente por recorrer,
y en su desfachatez creen
que en realidad así es.

“Hombres en el puente”, Wisława Szymborska, 1986. Publicado originalmente en el volumen del mismo título. En España está incluido en la antología “Paisaje con grano de arena”. Traducción de Ana María Moix y Jerzy Sławomirsky.

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