Anotaciones publicadas en Febrero de 2009

Acerca del canon occidental

prefacio

Hace unas semanas un amigo me pidió consejo acerca de qué tebeos norteamericanos comprar en un próximo viaje a Nueva York.
Mi incontinencia con un teclado bajo los dedos dió como resultado un largo correo que casi se convirtió en una guía de lecturas de autores del otro lado del Atlántico.
Según escribía recordé que, hace un par de años, había redactado un correo similar, para otra persona, incluyendo en este caso dibujantes tanto europeos como americanos.

He decidido juntar, reciclar y reescribir completamente ambos correos, filtrando la lista de recomendaciones, documentándome con textos de terceros e insertando algunas lineas escritas anteriormente por mí, con vistas a crear, emulando a Harold Bloom, y si se me permite el oximorón, mi propio canon occidental en cuestión de viñetas.
El resultado es esta larga anotación (que en nada se parece ya a los correos que la originaron) en cinco capítulos, uno por autor, más sus correspondientes prefacio y postfacio.

uno: Cristophe Blain y los géneros

c_blain.jpg

Posiblemente no sea una temeridad decir que Blain se ha erigido como el historietista francés más destacado de su generación (nació en 1970). Y, pese a ser un autor muy personal, lo ha conseguido centrando gran parte de su producción en algunos de los géneros más típicos (western, con “Gus” y “Hiram Lowatt y Placido”, piratas, con “Isaac el pirata”, y aventura de capa y espada, con “La mazmorra: amanecer”).

Aunque totalmente alejado del realismo, es un muy brillante dibujante, tendiendo cada vez más a un minimalismo casi naïf, dinámico, muy expresivo y caricaturesco, apoyado en fuertes colores planos (normalmente aplicados por un colorista, no por él mismo) y en una perfecta composición de página. Lo anterior, junto a los dialogos, secos y concisos, acompaña a un ritmo de narración dirigido por la acción, usando, al contrario que algunos de los siguientes miembros del canon, unos recursos aparentemente clásicos, sin necesidad de rupturas ni de forzar el estilo de forma evidente.
El tono de las historias, ligero y amable en un análisis superficial, no es tal; podríamos definirlas como humanas, pues los personajes y sus relaciones de amor y amistad se acaban imponiendo a la trama: el género no es sino una excusa, nunca un fin, aunque tampoco un cliché que constriña la creatividad del autor.
En resumen, bajo unas premisas gráficas y narrativas aparentemente simples, aparece una obra totalmente pensada, que sólo puede tener detrás un narrador extraordinario como C. Blain.

Todas sus obras publicadas en España son más que recomendables; desde la primeriza “El reductor de velocidad”, pasando por sus colaboraciones a los lápices para ilustrar los guiones de otros autores (David B. en “Hiram Lowatt Y Placido”, Sfar en “Sócrates, el semiperro” y Trondheim y Sfar en “La mazmorra: amanecer”) hasta, las joyas de la corona, las absolutamente imprescindibles “Isaac el pirata” y “Gus”, series de los que van publicados, respectivamente, 5 y 2 volúmenes (de la última hay un tercer volumen aún inédito en España).

dos: Chris Ware y lo formal

c_ware.jpg

Bebiendo de los clásicos de prensa norteamericanos de principio de siglo XX, Ware se convierte en el más moderno, suponiendo una ruptura formal con todo lo que se estaba haciendo hasta ese momento. Juega con la plancha, huyendo de la habitual secuencia lineal de viñetas: la composición de la página se puede complicar tanto cómo sea necesario para conseguir el efecto que el autor desea. Imagen y texto se funden: la imagen actúa como texto, simplificando el dibujo y convirtiéndolo, a veces, prácticamente en un simple signo, alejándose completamente del realismo (Ware considera este una barrera para la implicación sentimental del lector).
Esto ha llevado a que algunos hayan calificado, aunque sin negar su perfección formal, a la obra de C. Ware de fría y falta de emociones, aunque realmente es todo lo contrario: todos los recursos estilísticos están dirigidos a la transmisión de sentimientos (habitualmente, nada agradables: abandono, desaliento, soledad, falta de comunicación, incomprensión, inseguridad, …).

Mención aparte merece el diseño de las publicaciones; lo primero que llama la atención es la diversidad de tamaños y formatos: desde publicaciones minúsculas a tomos de proporciones inabarcables. Además de las historietas en sí, Ware incluye páginas repletas de larguísimos textos, anuncios que intentan vender los más bizarros productos o recortables, todo ello de acuerdo al estilo de las publicaciones de principios y mediados de siglo XX.

La obra de Ware aparece publicada en la serie de volúmenes con el título genérico de “The Acme Novelty Library”. Es en varios números de esta donde se prepublicó su obra más famosa, la saga familiar “Jimmy Corrigan: The Smartest Kid on Earth”. Multipremiada y alabada, está editada en castellano con el título de “Jimmy Corrigan: el chico más listo del mundo”.
Muy interesante es también la antología “The Acme Novelty Library” (no confundir con los tebeos del mismo título que esta recopila). Uno de los libros más primorosamente diseñados y editados que tengo… y la lectura es, también, una gozada. Tengo entendido que habrá una edición en castellano en breve.
También son recomendables cualquiera de sus dos libros de bocetos/diarios “The Acme Novelty Library Datebook volume ….”; no son tebeos, sino anotaciones y dibujos, con un registro completamente distinto, mucho más realista, al de sus historietas.

tres: Daniel Clowes y lo extraño

dan_clowes2.jpg

Si a Chris Ware se le ha llegado a comparar, por lo de ruptura formal que conlleva, con James Joyce, la comparación más habitual con Dan Clowes es David Lynch, por el ambiente de extrañeza que sobrevuela toda su obra.
Cierto es que toda comparación de este estilo no deja de ser algo burda, una simplificación reductora en el mejor de los casos, pero esta vez no son completamente desacertadas ninguna de las dos, siendo indudable que algo de verdad tienen.
La obra de Clowes invita al desasosiego: desde lo completamente bizarro de la surrealista “Como un guante de seda forjado en hierro” al simple malestar que se respira (y casi se palpa) en sus historias de corte realista.

Al igual que sus compañeros norteamericanos de esta lista, C. Ware y Seth, la obra de Clowes es primero prepublicada en su revista “Eightball” (“Bola ocho” en España) para luego ser recopilada en volúmenes unitarios.
Tanto una como otra versión tienen una extensa publicación en España.

“Ghost World” y “David Boring” son dos de mis tebeos preferidos, soportando continuas relecturas que no les hacen perder ni un ápice de interés.
Aunque prefiero las anteriores, no sé si por calidad o por cuestiones subjetivas (la impresión que me causaron en su momento fue brutal), “Ice Haven”, un ejercicio de estilo narrado de forma fragmentada, es también una obra soberbia.
Y no es tampoco desdeñable, sino interesante, la ya citada “Like a Velvet Glove Cast in Iron”, pero no se puede olvidar que es la primera de todas estas y Clowes aún no había alcanzado la maestría de las posteriores.

cuatro: David B. y lo simbólico

david_b.jpg

La posición de David B. como miembro del quinteto de este canon es ligeramente distinta a la del resto de los autores; en todos las obras de estos, mejores o peores, primerizas o cumbre, siempre he descubierto en ellas algo que las hacía, como mínimo, interesantes.
Con David B. no es así, aún teniendo una producción de una calidad media altísima, me he encontrado con todo el espectro de sensaciones después de leer álbumes suyos, desde el no me gusta hasta el me gusta mucho.
Sin embargo, cualquier pero queda olvidado ante los seis tomos de “La ascensión del gran mal” (“L’Ascension du haut mal”), una obra de tal entidad que por sí sola explica la presencia del autor en esta limitada lista. De hecho, para muchos críticos es la historieta francesa más importante de la década de los 90.

Intentar escribir sobre “La ascensión…” es, posiblemente, lo más difícil de este canon; pese a ser una obra de base autobiográfica, pivotando alrededor del hermano de David B., su enfermedad, la epilepsia (el gran mal del título), y como esta va influenciando la vida de toda la familia, termina resultando cualquier cosa menos una narración estándar, tanto en lo literario como en lo gráfico, para convertirse en una introspección del autor, donde lo onírico, las lecturas fantásticas e históricas, las medicinas alternativas y esoterismos varios, son literalmente deglutidos y vomitados sobre las planchas de los seis tomos.
Si bien la composición de página es la habitual rejilla de viñetas, el contenido de estas es algo totalmente único, no visto antes en ninguna otra obra: cada una de las viñetas es una lección de síntesis narrativa-visual, llena de elementos, con una carga simbólica por un lado, pero con el suficiente contenido para hacer avanzar la historia, incluir la suficiente carga de emotividad y, al tiempo, permitirnos atisbar la permanente ebullición de la mente de David B.
Probablemente, junto a la obra de Ware, esta sea la propuesta formal más atrevida de los últimos años.

Del resto de la producción de David B., destacaría los dos volúmenes publicados de la serie “Los buscadores de tesoros” y “El jardín armado y otras historias”, sendas narraciones cercanas al cuento, la primera ambientada en el Oriente de las mil y una noches, la segunda en una Europa medieval llena de guerras y conflictos religiosos, mezclando, con el habitual estilo del autor, lo fantástico con lo simbólico y lo místico, todo ello con una gráfica apabullante.
También son recomendables “Los complots nocturnos”, una transcripción en bitono de sueños del autor, y “Babel”, que sigue la senda de “La ascensión…”.

cinco: Seth y la nostalgia

seth.jpg

Seth, seudónimo de Gregory Gallant, es el canadiense del grupo.
No tanto por la creación de obras autobiográficas, o falsamente autobiográficas, sino por una simple cuestión de estilo, tanto personal como artístico, parece que en el caso de Seth hay una perfecta simbiosis entre obra y autor, dominados ambos por la nostalgia de una época no vivida, la primera mitad del siglo XX.
Seth, la persona, parece vivir en un tiempo que no es el que le corresponde (sólo hay que ver su indumentaria en las fotos que se pueden encontrar rastreando por google), y vuelca esta disonancia en las historias que escribe y dibuja, donde el ritmo lento y la melancolía por el tiempo pasado son constantes.

“It’s a Good Life, If You Don’t Weaken” (“La vida es buena si no te rindes” en su edición en castellano) es, sin ninguna duda, su obra cumbre y una de las más importantes de finales de siglo pasado; una historia aparentemente autobiográfica, aunque de ficción, que narra la obsesión del protagonista por un dibujante de mediados de siglo que apenas conoce por unos pocos chistes gráficos vistos en ejemplares antiguos del New Yorker.
Parecida temática, los protagonistas son un grupo de compulsivos coleccionistas de tebeos antiguos, tiene “Wimbledon Green” (sin edición en castellano), aunque estilísticamente es muy distinta; Ware ha dejado su huella en una generación de autores (el propio Seth lo reconoce en la dedicatoria del volumen) y estamos ante una narración fragmentaria, dividiendo la plancha en distintas historias, con multitud de viñetas y con el diseño convirtiéndose elemento importante de la narración.
A mí, personalmente, me parece fantástica… y la edición, una joyita.
Aunque aún no la he leído (ha sido prepublicada en el New York Times Magazine, pero no como tomo), por lo que he podido ver de su nueva obra, “George Sprott (1894-1975)”, Seth continua los caminos que comenzaba a explorar en la anterior.

postfacio

… en el que aprovecho para dejar un par de pinceladas defensivas ante posibles reproches por la anterior elección.

Lo primero que se me podría decir es que todos los autores seleccionados son actuales, muy actuales, dejando fuera a los clásicos o semiclásicos.
Cierto, es así; pero además de por filias y fobias, lo es por el propio criterio de selección, orientado a descubrir autores nuevos a personas no al tanto de las novedades del medio, al tiempo que sean opciones de compra relativamente fáciles de conseguir.

En el sentido contrario, se me podría decir que el canon es, valga la redundancia, bastante canónico y poco atrevido; a un lector habitual de tebeos no creo que le descubra nada nuevo y le parecerá hasta un tanto tópico: posiblemente, salvo curiosidad, no vaya dirigido para él.

Comentarios (6)

 

Acerca de las apropiaciones

No debería, pues ya tengo bastante abandonado este conjunto de anotaciones así como otras cosas pendientes (se me viene a la mente algún artículo para la wikipedia que espera ya semanas a que tenga tanto un rato como ganas para ponerme a ello), pero he abierto un Tumblelog.

Según la wikipedia:

un tumblelog o tlog es una variante menos estructurada de un blog muy ligada al microblogging. Contienen pensamientos al azar, enlaces, imágenes y otro contenido, sin una temática definida excepto el hecho de que está realizado por un mismo autor [...] Un tumblelog es un flujo de conciencia improvisado [...] recuerdan a un antiguo estilo de blogs, en la época en que la gente los hacía a mano, antes de que Movable Type obligara a poner los títulos de los posteos, las entradas de los blogs se convirtieran en pequeños artículos de revistas, y los posteos pertenecieran a una conversación distribuida a través de toda la blogosfera [...] también tiene algo de esbozo, de apunte, de idea. Son las semillas de futuros post en un blog convencional, una especie de cuaderno de notas breves y personales que no admite comentarios ni intromisiones a pesar de ser público.

Jugando con el título de este, anotaciones, y con la naturaleza de los contenidos, se va a llamar apropiaciones y se puede ver en:
http://apropiaciones.tumblr.com/ [RSS]
No sé si realmente ese experimento durará mucho o no, pero bueno, abierto y comunicado queda.

Pd.: también tengo en mente una idea para otro blog, este temático, y que tendría que ser, como el anterior a este, de actualización diaria, lo que me obliga a tomarme un tiempo para pensarme si lo pongo en marcha o no.

Comentarios

 

Acerca del papel

Los libros, reconozcámoslo, son especiales. No se trata sólo de leer, ¡qué va! La cosa va de hojearlos, comprarlos, exhibirlos, coleccionarlos, prestarlos, a veces recuperarlos y (sí) olerlos.

[...] un libro no es sólo algo que se lee, sino un artefacto que emite nuestras opiniones hacia el exterior (y por eso en la sociedad japonesa las cubiertas se velan sistemáticamente con forros).

Nuestros libros, alineados en casa o tras la mesa del despacho, transmiten mensajes a nuestros visitantes ocasionales o a nuestros clientes, y no hay político, al menos desde Hitler, que no se fotografíe delante de su biblioteca. ¿Qué vamos a hacer si triunfa el lector de libros electrónicos?, ¿imprimir y pegar el directorio en la pared? [...]

“¿Qué hay ahí dentro?”, José Antonio Millán, en el diario “EL PAÍS”, el 10 de febrero de 2009.

Y, aunque no puedo precisamente disimular mi bibliofilía por aquí, no me importaría en absoluto tener uno de esos nuevos y funcionales libros electrónicos.

Comentarios (2)

 

Acerca de Lolita

lolita1.jpg

“Lolita” nunca dejará de escandalizar. Oscilando frenéticamente de emoción en emoción, nos desequilibra línea trás línea, página trás página. Estudio de un caso de abuso sexual, también consigue, contra todas la expectativas, ser una apasionante y conmovedora historia de amor. Humbert exalta a Lolita con la máxima delicadeza y fervor, y la utiliza con la máxima determinación. El comentario de Lionel Trilling de hace treinta años sigue siendo válido: “En la narrativa reciente, ningún amante ha pensado en su amada con tanta ternura, ninguna mujer ha sido tan encantadoramente evocada, con tanta gracia y delicadeza, como Lolita.” Una única objeción: Lolita no es una mujer, sino una niña de doce años, prisionera del deseo de su padrastro [...]

“Vladimir Nabokov. Los años americanos”, Brian Boyd, 1991. Traducción de Daniel Najmías.
lolita2.jpg

Hace unas semanas me autoimponía publicamente la tarea de volver a anotar sobre Nabokov, aprovechando la publicación en España de un nuevo tomo de sus obras completas en Galaxia Gutenberg.
La anterior entrada a esta, en que utilicé la portada de una edición de “Lolita” como parte del montaje-ilustración, me dió la idea para articular el texto prometido alrededor de algunas portadas de diversas ediciones de la novela más conocida de Nabokov (y una de mis favoritas, ya no de este autor, sino en general).
Coincide, además, con que estoy en plena lectura del segundo volumen de la extensísima biografía de VN a cargo de Brian Boyd; en este instante, a la derecha del teclado, reposa el libro con el marcapáginas incrustado en el capítulo, precisamente, dedicado a los años 1955/7, recién publicado el libro en Francia y el principio del escándalo en EEUU. El párrafo copiado es el que da comienzo a un capítulo anterior, reservado al análisis literario de la obra en cuestión.

(Y, si con esta entrada me libero de una tarea autoimpuesta aquí en el pasado, planifico otra más para el futuro: el dedicar una entrada de la serie “Acerca de los libros” al autor de origen ruso… pero, eso tendrá que esperar a que compre, aún en lista de espera, el volumen de las obras completas citado unas líneas más arriba).

lolita3.jpg

Lolita, light of my life, fire of my loins. My sin, my soul. Lo-lee-ta: the tip of the tongue taking a trip of three steps down the palate to tap, at three, on the teeth. Lo. Lee. Ta.
She was Lo, plain Lo, in the morning, standing four feet ten in one sock. She was Lola in slacks. She was Dolly at school. She was Dolores on the dotted line. But in my arms she was always Lolita.

Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo hasta apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta.
Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, cuando estaba derecha, con su metro cuarenta y ocho de estatura, sobre un pie enfundado en un calcetín. Era Lola cuando llevaba puestos los pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuan­do firmaba. Pero en mis brazos fue siempre Lolita.

“Lolita”, Vladimir Nabokov, 1953. La traducción al castellano es de Francesc Roca.
lolita4.jpg

Mi propósito era evitar las recurrentes primeras líneas de la novela, conocidas para casi todo el mundo, pero es difícil resistir la tentación ante tal comienzo (además de que, no nos engañemos, resuelve el problema de tener que hacer una lectura diagonal hasta encontrar un párrafo adecuado).
Pero, haciendo virtud de mi falta de fortaleza, aprovecho la circunstancia para llamar la atención sobre un punto y realizar una recomendación.
El viaje en tres pasos de la lengua es “Lo-li-ta” en castellano y “Lo-lee-ta” en inglés. ¿Diferencias fonéticas entre un idioma y otro? Pues sí, pero también es una primera referencia (hay muchísimas otras a lo largo de la novela) a Poe y su poema Annabel Lee, que desaparece en la traducción.

No es nada fácil la tarea, pero recomiendo leerla, tal vez no la primera vez pero sí en una relectura, en su idioma original (aunque sea con sendos libros, castellano e inglés, en cada mano) y, a ser posible, en una edición anotada.
Además de disfrutar (hasta donde el conocimiento del inglés de cada uno permita; el mio, no es para tirar cohetes) de la deliciosa escritura de Nabokov, sin intermediarios, se nos abrirá un mundo nuevo de referencias, pistas y juegos que iba dejando el autor por el camino y que no siempre se disfrutan en una traducción ni se perciben por el lector (salvo que este sea atentísimo; y, aún así, creo que se perderían multitud, tal es la cantidad y variedad de las mismas).

Comentarios (4)

 

Acerca de las portadas (ii)

composicion_portadas.jpg

Basta mirar la fecha de la anterior anotación para darse cuenta de que llevo unos días, más de los recomendables, sin escribir por aquí; pero si largo es dicho paréntesis, aún es más el tiempo que llevo sin publicar acerca de uno de los temas preferidos de esta bitácora: los sitios web dedicados a portadas de libros (véase además 1, 2, 3, 4 y 5).

Conociendo mis aficiones, Oli me hace llegar un enlace delicioso, una auténtica joyita: “The Book Cover Archive”; un proyecto dedicado al archivo y catalogación de portadas… además del simple gozo visual de la navegación por estas (ya hay más de 1.000) incluye blog, enlaces a otros sitios, posibilidad de proponer nuevos contenidos, etc…

No digo más, simplemente, por si quedaba alguna duda del verdadero interés de esta anotación, vuelvo a colocar el enlace: http://www.bookcoverarchive.com/

(pd.: además, la escritura de esta entrada me acaba de dar una idea para una siguiente… a ver si en un día o dos…)

Comentarios (1)